A unos 67 kms. de Sancti Spiritus.
Es Trinidad –con toda justeza considerada una ciudad-museo– la que posee uno de los conjuntos arquitectónicos coloniales más completos y mejor conservados del continente americano, un hecho reconocido por la UNESCO en diciembre de 1988, cuando la declaró Patrimonio de la Humanidad.
Una cruz a la sombra de un jigüe recuerda el sitio donde se presume que Fray Juan de Tesin oficiara la primera misa de la futura villa, en la Navidad de 1513. Muy cerca de allí se levantarían posteriormente la Plaza Mayor y la Iglesia Mayor de la Santísima Trinidad, que atesora entre sus piezas más valiosas el famoso Cristo de la Vera Cruz y un altar de mármol dedicado al culto de la Virgen de la Misericordia, único de su género en la Isla.
Esta es una ciudad que invita a recorrer sus calles empedradas y tranquilas y sus numerosas plazas; descubrir a cada paso historias conservadas con celo en media docena de museos, o en amplias y frescas mansiones de los siglos XVIII y XIX –en las cuales predominan las balaustradas, las barandas y rejas admirablemente trabajadas en metal y los techos de tejas criollas– , y donde se respira la misma atrayente atmósfera que siglos atrás llevó hasta allí a viajeros eminentes como el sabio alemán Alejandro de Humboldt.
Del esplendor que el auge de la industria azucarera propició a esta villa en las postrimerías del siglo XVII habla el cercano y extenso Valle de San Luis, también llamado de los Ingenios, declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad y que constituye una importante reserva arqueológica.
Se afirma que en su momento de mayor esplendor, la zona llegó a ser la principal productora de caña de azúcar del país al moler allí decenas de fábricas que podían divisarse desde lo alto de la Torre de Manaca-Iznaga, de 45 metros de altura y cuyos campanazos marcaban el inicio y el fin de las labores en las plantaciones de esta dulce gramínea. Hoy se conservan 75 ruinas correspondientes a ingenios, casas de verano, barracones y otras instalaciones relacionadas con la fabricación del demandado producto.
Apenas una docena de kilómetros separan al centro histórico de Trinidad de las playas de la Península de Ancón, bañadas por las aguas del Mar Caribe y consideradas entre las mejores de la costa sur de la Isla. Sus fondos marinos, de escarpado relieve y notables concentraciones de coral negro, pueden explorarse en más de una veintena de puntos de inmersión, algunos de éstos cercanos a Cayo Blanco, un islote al cual se accede después de aproximadamente 45 minutos de navegación desde el puerto de Casilda.
Muy cerca también de esta ciudad colonial el macizo montañoso del Escambray invita a los más intrépidos a vivir jornadas de intensa actividad en el Parque Nacional Topes de Collantes, localizado a 800 metros de altura sobre el nivel del mar y donde el Salto del Caburní (Monumento Natural) destaca entre sus numerosos atractivos. Aunque ofrece asimismo la posibilidad de mejorar la calidad de vida en el ambiente ideal que brinda un centro de descanso y salud conocido como Kurhotel.
En la parte central de la provincia, mientras tanto, se encuentra el mayor lago artificial del país, la presa Zaza, con una capacidad de embalse superior a los mil millones de metros cúbicos del preciado líquido y que constituye un sitio muy apropiado para la pesca deportiva, especialmente de la trucha, que llega a alcanzar tamaños que la señalan entre las mejores de su especie a nivel internacional.
Al norte, el Parque Nacional Caguanes, recientemente declarado por la UNESCO como Reserva de la Biosfera, posee un importante sistema cavernario en el cual abundan los sitios de interés arqueológico y las cuevas inundadas, y constituye el habitat natural de una variedad de esponja de agua dulce que únicamente puede encontrarse allí.
Pequeñas playas bañadas por el Mar Caribe, como Rancho Luna y El Inglés, bordean el área urbanizada y constituyen sitios ideales para la práctica del buceo contemplativo, fundamentalmente en el tramo comprendido entre el canal de entrada a la Bahía de Jagua y Boca Ambuila, donde además de localizarse el famoso coral de columna Notre Dame (de seis metros de altura y bautizado así por su extraordinaria semejanza estructural con la famosa catedral parisina) existen más de 50 puntos de inmersión para bucear incluso en barcos hundidos. En dirección este, el centenario Jardín Botánico (Monumento Nacional) ofrece al visitante una enorme colección de plantas integrada por alrededor de mil 450 especies, el 80% de las cuales son exóticas, y atesora una colección de palmas considerada entre las 10 más importantes del mundo.
Dos cementerios: el de Reina y el Tomás Acea forman parte también de los sitios de interés de Cienfuegos. En el primero, ubicado en las inmediaciones de Punta Majagua –sitio de fundación de la villa– se conservan nichos verticales, enterramientos característicos del siglo XIX.
De marcada influencia estadounidense, la necrópolis Tomás Acea, construida en la década de 1920, resalta por su monumental fachada, muy semejante al Partenón ateniense, y por haber sido concebida a manera de jardín, lo cual permite lograr una armoniosa integración entre los recintos funerarios y el entorno.
La laguna de Guanaroca, localizada al sudeste de la bahía y un sitio privilegiado para la observación de diversas especies de la fauna, forma parte también del conjunto de atractivos turísticos de la provincia de Cienfuegos; una relación que engrosan la Cueva de Martín Infierno –donde existe una estalagmita de 67 metros de altura considerada entre las mayores del planeta– y el Valle de Yaguanabo.
El parque nacional Mal Tiempo, en el poblado de Cruces, que rememora una de las batallas más importantes de la Guerra de Independencia librada contra la corona española (15 de diciembre de 1895) y el monumento al brigadier del Ejército Libertador cubano Henry Reeve, el Inglesito, localizado muy cerca de la zona de Horquitas, son otros dos lugares de mucho interés en el escenario cienfueguero.
Las cascadas del salto de agua de El Nicho, en el macizo montañoso Sierra de Trinidad, resultan por su parte un sitio ideal para los amantes del turismo de naturaleza y aventuras, al igual que la zona de Guajimico, apropiada también para la práctica del buceo. Mientras, a sólo 23 kilómetros de la ciudad, las aguas minero-medicinales de Ciego Montero, con más de un siglo de exitosa utilización y probada eficacia, resultan muy apropiadas para fines balneológico-terapéuticos en un ambiente de tranquilidad y reposo.