El safari egipcio: del desierto al oasis

Lejos de las fértiles riberas del Nilo, Egipto es también un vasto océano de doradas dunas y llanuras rocosas. Adéntrese en los misterios de estas arenas con el lento trote de un camello o a la velocidad de un jeep. Durante el día, refúgiese en un idílico oasis a la sombra de una palmera. Al caer la noche, comparta el té en un campamento de beduinos. Sentirá como si hubiera desenterrado todos los grandes secretos del desierto...
Islas verdes y paisajes de arena
Al oeste del Nilo, el Desierto Occidental está jalonado de oasis, esparcidos como islas en un océano de arena, en un amplio arco que se extiende hasta El Cairo.
Con sus afloramientos de piedra caliza, sus manantiales de agua mineral y dos atractivos lagos de agua salada, el oasis de Siwa nos hace pensar que estamos entrando en el Jardín del Edén. Unos caminos polvorientos nos llevan hasta el templo de Amón, donde Alejandro Magno consultó el famoso oráculo. No deje de darse un baño en las piscinas de agua burbujeante. En Dajla casi es posible olvidar que estamos en el desierto, ya que la tierra es increíblemente fértil. El oasis es una sucesión de palmerales y huertos con los que los habitantes han mantenido su asentamiento tradicional. Merece la pena visitar los sitios arqueológicos del oasis de Jarga : el templo de Hibis, la única prueba arquitectónica de la ocupación persa de Egipto, y el cementerio cristiano de Bagawat.

Farafra es el más pequeño y el menos frecuentado de los cinco oasis más conocidos. El oasis se extiende sobre una meseta de arena blanca con algunas manchas de vegetación que ocultan viviendas de barro. No se pierda la excursión al Desierto Blanco , a unos cuarenta kilómetros del oasis, en el que la arena y la piedra negra producen extrañas formaciones calizas que semejan pirámides, setas o icebergs, hasta donde se pierde la vista.

Con sus colinas negras en forma de pirámide, el Desierto Negro alberga otros lugares interesantes. Los cuatro poblados del oasis de Bahariya están repartidos a lo largo de una depresión rodeada de dunas y coronada con rocas volcánicas negras. No se pierda el lugar de uno de los últimos descubrimientos arqueológicos: las momias de oro de la ciudad de Bawiti.

El desierto de la península del Sinaí añade una dimensión espiritual a la rica variedad de paisajes del desierto egipcio. En la cumbre del Monte Sinaí o en el "cañón coloreado", cerca de Nuweiba, la increíble atmósfera de serenidad tiene que vivirse para creerse. La exploración del sur del Sinaí no estaría completa sin una visita al mayor oasis de la zona, Wadi Feirán.
Con sus afloramientos de piedra caliza, sus manantiales de agua mineral y dos atractivos lagos de agua salada, el oasis de Siwa nos hace pensar que estamos entrando en el Jardín del Edén. Unos caminos polvorientos nos llevan hasta el templo de Amón, donde Alejandro Magno consultó el famoso oráculo. No deje de darse un baño en las piscinas de agua burbujeante. En Dajla casi es posible olvidar que estamos en el desierto, ya que la tierra es increíblemente fértil. El oasis es una sucesión de palmerales y huertos con los que los habitantes han mantenido su asentamiento tradicional. Merece la pena visitar los sitios arqueológicos del oasis de Jarga : el templo de Hibis, la única prueba arquitectónica de la ocupación persa de Egipto, y el cementerio cristiano de Bagawat.
Farafra es el más pequeño y el menos frecuentado de los cinco oasis más conocidos. El oasis se extiende sobre una meseta de arena blanca con algunas manchas de vegetación que ocultan viviendas de barro. No se pierda la excursión al Desierto Blanco , a unos cuarenta kilómetros del oasis, en el que la arena y la piedra negra producen extrañas formaciones calizas que semejan pirámides, setas o icebergs, hasta donde se pierde la vista.

Con sus colinas negras en forma de pirámide, el Desierto Negro alberga otros lugares interesantes. Los cuatro poblados del oasis de Bahariya están repartidos a lo largo de una depresión rodeada de dunas y coronada con rocas volcánicas negras. No se pierda el lugar de uno de los últimos descubrimientos arqueológicos: las momias de oro de la ciudad de Bawiti.

El desierto de la península del Sinaí añade una dimensión espiritual a la rica variedad de paisajes del desierto egipcio. En la cumbre del Monte Sinaí o en el "cañón coloreado", cerca de Nuweiba, la increíble atmósfera de serenidad tiene que vivirse para creerse. La exploración del sur del Sinaí no estaría completa sin una visita al mayor oasis de la zona, Wadi Feirán.
Safaris a su medida
Los safaris son la mejor forma de explorar los enormes desiertos de Egipto. Con una breve excursión o en un viaje de exploración más largo, existen muchas oportunidades para envolverse en el cautivador ambiente de este entorno incomparable. Guías experimentados conducen a los visitantes hasta los campamentos beduinos para introducirles en la cultura nómada de estos fascinantes habitantes del desierto, que siempre ofrecen una amable invitación a compartir el té y a probar los frutos del oasis.Para tener una auténtica experiencia no puede quedarse sin realizar una excursión en camello pasando al menos una noche en el desierto, para poder admirar cómo cambian los colores de la arena y el cielo al amanecer y al anochecer y cómo se ilumina la noche con el resplandor de la luna. En medio de la arena infinita que parece perderse en el horizonte, se experimenta una conmovedora sensación de humildad, no sólo un viaje físico, sino también espiritual.
Los safaris en jeep ofrecen la oportunidad de "cabalgar" por el desierto con todas las comodidades (como el aire acondicionado). Una excursión de media jornada o de un día completo le servirá para empaparse de la cultura del desierto. Con el acompañamiento de un guía especializado, visitará los típicos campamentos beduinos y podrá conocer de cerca su fascinante cultura nómada. Al anochecer tendrá la ocasión de disfrutar de una barbacoa beduina bajo las estrellas. Y si le apetece sentarse en el lugar del conductor, busque un guía especializado, móntese en un quad y prepárese para surcar las arenas del desierto.Una naturaleza asombrosa

Montañas para escalar, llanuras para caminar, arenas para pasear, oasis para explorar... La asombrosa diversidad de paisajes y áreas naturales de Egipto ofrece escenarios ideales para hacer senderismo o acampar . Pase la noche bajo el cielo estrellado del Desierto Occidental y a la mañana siguiente explore sus exuberantes oasis (Bahariya , Farafra y Dajla ). Si es un explorador consumado, adéntrese en los remotos y ondulados paisajes del Gran Mar de Arena, con sus noches frías y sus vistas espectaculares. Y si le atrae la escalada, los picos de la península del Sinaí o Jebel Uweinet son las mejores opciones.
En un safari se puede observar un gran número de especies que han sido capaces de adaptarse a las difíciles condiciones climáticas. Entre ellas están el agama, un lagarto que cambia de color según su estado de ánimo, y la pequeña gacela dorcas, que corre a una velocidad de hasta 80 km/h. El desierto también alberga una gran variedad de plantas y hierbas, algunas de las cuales son apreciadas por sus propiedades terapéuticas. También puede disfrutar de la observación de aves , que siempre han desempeñado un papel muy importante en la cultura civil y religiosa de Egipto.Y mucho más...
¿Por qué no completar su safari por el desierto con un crucero por el Nilo o unas vacaciones en la costa? Para más información, visite http://www.egypt.travel .









