Volando voy
¡Como me encanta cuando todo funciona bien! Salimos pronto y el autobús salió cuando tenía que salir, el avión salió cuando tenía que salir y ojo, ¡llegamos antes de la hora prevista! Encima París nos sonrió con un tiempo maravilloso con sol y una temperatura perfecta para empezar a patear la ciudad. Primero fuimos a ver la Ópera, y aunque no estaba previsto entrar lo hicimos, y mereció la pena (aunque es un poco caro, pero bueno, estas en París y todo es más o menos caro). Luego hacía el centro y la plaza del Concorde con unas vistas espectaculares del río Seine, el Arco de Triunfo y la Torre Eiffel, que se ve desde casi todos los puntos de la ciudad. Lo que estraña en París son las calles tan amplios por todas las partes, no como en Madrid donde las calles son todas muy estrechas.