
Aterrizamos en Cancún alrededor de las ocho de la noche. La humedad nos asustó terriblemente ya que la niebla que provocaba no nos dejaba ver más allá de un par de metros. El calor... insorportable. Preguntando a las personas del lugar, nos dijeron que no nos asustaramos, que en poco tiempo nos ibamos a acostumbrar... y así fue.
Una hora y media después llegamos a nuestro hotel en Playacar, el Riu Playacar. Como eramos pocos que llegabamos a este hotel pudimos ver otros de la cadena antes de llegar al nuestro y nos quedamos súper conformes. Nuestro hotel estaba en línea de playa, con zona privada y era el más pequeño de todos por lo que las distancias entre habitación y cualquier lugar del hotel eran muy cortas.
En la recepción nos recibieron con un cóctel y toda la información necesaria para nuestra estadía. Realmente nos sentíamos de primera clase. Como el buffet cierra a las 22.00 porque es una zona donde se cena y come más temprano que en España, tuvimos que apurarnos, dejar las maletas en la habitación y acelerar el paso para cenar algo después de la espantosa comida del avión.
Cuando llegamos al buffet nos quedamos 'boqui-abiertas'... Habría por lo menos cinco o seis mesas de comida, de todas las clases, con chefs cocinando en el momento. Probamos de todo pero sin exagerar ya que queríamos dormir bien la primera noche.
Tras la cena, asistimos al teatro del hotel donde todas las noches había algún espactáculo y nos tomamos nuestro primer trago caribeño en uno de los bares del hotel.