El paraíso natural por excelencia donde el paisaje prevalece sobre los intereses económicos y donde la presencia de la fauna más espectacular del mundo submarino jamás falta a su cita. Un rincón europeo en el Atlántico, que sorprende al visitante nada más dejar el avión, hechizado por el colorido de sus horizontes, la pureza de su aire y la tranquilidad que envuelve el ambiente imbuyéndote en un relax y tranquilidad, difícil de conseguir en otro lugar de Europa.
São Miguel, la isla más grande, se siente orgullosa de sus paisajes de verdes y flores, de sus grandes y bonitas lagunas, y de la vida bulliciosa de Ponta Delgada. Al lado se encuentra Santa Maria, con las pendientes cubiertas de viñedos de la bahía de São Lourenço y la capilla de los Anjos donde rezó Colón en su viaje de regreso del descubrimiento de América.
En el centro de las Azores, cinco islas próximas las unas de las otras. Terceira habla de historia en Angra do Heroísmo, primera ciudad europea nacida en el Atlántico, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Faial es el azul de las hortensias, la marina colorida por las pinturas de los navegantes venidos de todo el mundo.
Enfrente, una montaña que nace del mar, unos viñedos plantados en negros campos de lava y la tradición ballenera de Pico. El inmenso verde de los pastos, las nesgas de tierra junto al mar, las planicies en la base de altos acantilados son el cuadro natural de São Jorge. Graciosa, isla pequeña, tiene una misteriosa laguna en el fondo de una cueva volcánica y campos cubiertos de viñas en los que agitan sus aspas los molinos. Flores es un jardín rodeado de mar, un escenario siempre encantador de lagunas excavadas por volcanes. Corvo, curiosa isla en miniatura, tiene en su centro un amplio y hermoso cráter.
Todas ellas hablan de cinco siglos de historia durante los que el avance y progreso del hombre y el desarrollo de la naturaleza se han respetado mutuamente dando lugar a un paisaje único donde se mezcla el entorno más puro con los palacios, las iglesias y las fortalezas que recuerdan los tiempos en que las Azores eran puerto de escala de las naves cargadas con los tesoros de las Américas y del Oriente. Los pueblos blancos, repartidos por las nueve islas, albergan un folclore único, lleno de fiestas y bailes populares, artesanía en sus colchas tejidas en telares manuales y las miniaturas talladas y el olor de las recetas de su gastronomía tradicional enriquecida por pescado fresco, carne tierna y el sabor de las piñas.
Los amantes del turismo activo de contacto con la naturaleza también encuentran su paraíso en Azores. La vela, el submarinismo, surf y windsurf, avistamiento de ballenas y delfines, pesca, senderismo, navegar en velero o la práctica de deportes más convencionales como el golf y el tenis, son sólo algunas de las actividades que te esperan en cualquiera de las Islas de Azores. Playas de arena fina o encantadoras piscinas naturales excavadas en la roca volcánica acogen a los que, en verano, prefieren los placeres del mar y del sol. Los más aventureros pueden optar por recorrer largas galerías volcánicas, visitar viejos cráteres, o practicar montañismo y parapente. ¿Vacaciones activas o tranquilas? Tu eliges. Pero siempre con la seguridad de que en las Azores va a reencontrarse con la verdadera Naturaleza.
En 1427, Diogo de Silves, piloto portugués, avistó por primera vez la Isla Santa María y con ella se produjo el descubrimiento del archipiélago de las Azores, ubicado a 1200 Km. al oeste de Portugal. Su nombre, Azores, se debe a la gran cantidad de halcones (azor en portugués) que sobrevolaban las islas, lo que llevó al piloto portugués a bautizarlas con el nombre de esta ave. El archipiélago está formado por nueve islas con una superficie de 2.333 km². Sus superficies individuales varían entre los 747 km² de São Miguel y los 17 km² de Corvo.
La realidad geográfica de este archipiélago hace que sea un destino soñado para los amantes de la naturaleza; el edén de los que huyen del bullicio de los lugares de siempre y prefieren perderse en cualquiera de las 9 islas que, como 9 obsequios esparcidos en el Atlántico, aguardan en estado puro para ser desenvueltos, para darse a conocer y ofrecerse como regalo. Los dibujos fantásticos de sus lagos y lagunas, la solemnidad y majestuosidad de los profundos cráteres que siembran las islas como disparos, residuos de lo que en su día eran volcanes activos; los paisajes que conservan su belleza y pureza original; la bucólica armonía y la serenidad que impregna los ambientes de silencio, forman las piezas del puzzle de una experiencia inolvidable.
Las Azores juegan un papel estelar dentro de la Macaronesia, nombre que recibe el conjunto formado por los cinco archipiélagos establecidos en esta región del Atlántico. Para empezar, es el archipiélago más al norte, con lo que significa para el clima: templado y registrando temperaturas medias de entre 13ºC en invierno y 24ºC en verano. Y la temperatura del mar también es envidiable, puesto que la corriente del golfo, que pasa relativamente cerca, mantiene las aguas a una temperatura media de entre 17 y 23ºC. Todo ello es el resultado de la naturaleza mejor protegida y preservada.