Yemen posee diversas zonas idóneas para el senderismo, pero el viajero debe practicarlo por cuenta propia, puesto que no se organizan excursiones en el país. Esto significa que no existen ni senderos señalizados ni mapas. Además, la población se halla muy diseminada, por lo que es preciso ser autosuficiente. Los montes Haraz o al-Mahwit se consideran unas regiones estupendas para el excursionismo, ya que se encuentran densamente pobladas y sus habitantes son muy cordiales. No merece la pena acampar al este de Sanaa.
Aunque a los yemeníes no les interesan los deportes acuáticos, la población de origen extranjero ha localizado algunos lugares adecuados para practicar el submarinismo. Los mares de Yemen presentan una gran riqueza de vida marina, y la costa aparece muy concurrida de curiosos y personas que desean disfrutar de una comida. Resulta imposible alquilar un equipo, por lo que es preciso proveerse con uno antes de desplazarse al país.
SanaaSegún los yemeníes, Sanaa acogió uno de los primeros asentamientos humanos, fundado por Sem, hijo de Noé. Si se sigue la pista de otras fuentes, la ciudad existe desde al menos el siglo II d.C., y hasta 1962, permanecía ceñida por sus antiguas murallas y rodeada por frondosos campos. En la actualidad, se ha convertido en una localidad desordenada con cerca de un millón de habitantes, pero sus muros se mantienen en pie. Numerosos edificios del casco antiguo fueron construidos hace más de cuatrocientos años, y el área amurallada acoge la medina que mejor se conserva en todo el mundo árabe. Proliferan las fachadas ornamentadas con frisos elaborados y sus hermosas ventanas, con sus delicados calados y cristales de colores. Los minaretes de las mezquitas se elevan sobre los rascacielos, y la urbe se halla repleta de baños turcos, algunos de ellos levantados durante la ocupación otomana de Yemen.
El mercado central, Souq al-Milh, está formado por una colección de unos cuarenta pequeños zocos, cada uno especializado en un producto (verduras, especias, qat, uva, alfarería, prendas de vestir, objetos de madera, cobre o plata). En el zoco de Jambiya se puede contemplar a artesanos realizando complejas armas ceremoniales. El viajero musulmán puede visitar Al-Jami' al-Kabir, la gran mezquita, ubicada al oeste del zoco de al-Milh y construida hacia el año 630 d.C., cuando Mahoma aún vivía.
El Museo Nacional de la ciudad se halla en la casa de la Buena Suerte, un antiguo palacio real construido en la década de 1930. En sus cinco plantas se exhiben muestras de los reinos antiguos de Yemen (incluido el de Saba), de la historia islámica del país y de su cultura popular moderna. El Museo de Artes y Oficios, situado también en un vetusto palacio, está especializado en utensilios de la vida cotidiana, mientras que el estupendo Museo Militar expone con claridad el relato de las numerosas guerras acaecidas en la región.
No cuesta encontrar alojamientos económicos en la capital; dar con uno en el que apetezca hospedarse resulta algo más complicado. En caso de que se quiera pagar un poco más, es posible residir en uno de los rascacielos transformados. Existe infinidad de pequeños restaurantes diseminados en toda la urbe; la mayor concentración se encuentra en torno a Bab al-Yaman.
Ma'ribLa que fuera capital del antiguo reino de Saba está considerada la atracción arqueológica más hermosa de Yemen. En el siglo VIII a.C. se construyó un dique de 16 m de altura, y durante unos mil años sirvió para irrigar los campos que mantenían a unas cincuenta mil personas. En el siglo II d.C. el reino sabeo se hundió, y a lo largo de los siguientes quinientos años, el dique y los canales de regadío se arruinaron, hecho que convirtió a Ma'rib en una población intrascendente. Cuando se descubrió petróleo en 1986 la urbe se revitalizó, y en la actualidad pasa por ser un enclave animado y bullicioso.
El tiempo no ha sido particularmente respetuoso con los vestigios de Ma'rib, aunque han perdurado verdaderas joyas que merece la pena descubrir. A pesar de la destrucción de una gran parte de la ciudad antigua, se pueden contemplar algunos edificios de barro con sus pequeñas ventanas; ocasionalmente el viajero se topará con arcaicas inscripciones en los sótanos de piedra. En las inmediaciones del centro histórico permanecen los restos de diversos templos notables, como el de Bilqis, construido hacia el año 400 a.C. Si bien prácticamente ha desaparecido, se pueden observar las ruinas del gran dique de Ma'rib, y caminando unos pocos kilómetros río arriba se accede al nuevo dique, de 32 m.
Ma'rib se encuentra a unos 100 km al este de Sanaa; existen dos servicios diarios de autobús desde la capital. Los alojamientos y establecimientos de restauración son muy escasos.
SaharaLos yemeníes gustan construir sus viviendas en lugares complicados, y Sahara constituye uno de los ejemplos más patentes de este arte. Esta población fortificada se encarama en la cumbre de una montaña de 2.600 m de altitud, prácticamente inaccesible desde la falda. Se utilizó como base de la resistencia a los otomanos durante los siglos XVI y XVII, así como cuartel general de los monárquicos durante la guerra civil de la década de 1960.
Si bien su emplazamiento resulta asombroso, su arquitectura es simple. Los edificios de piedra se elevan hasta cinco pisos, pero la decoración se limita a frisos deteriorados y revoques blancos, que componen claros ejemplos de una forma arquitectónica muy tradicional y arcaica propia de las montañas yemeníes.
En la actualidad, la población se divide en dos, y cada una ocupa una cumbre. Un profundo desfiladero las separa, franqueado por un puente de piedra construido en el siglo XVII, una notable proeza de ingeniería. Sahara cuenta con escasos y caros alojamientos; resulta preferible trasladarse hasta la vecina Hut. La mayoría de visitantes contrata una excursión organizada desde Sanaa hasta Sahara (la mejor manera de desplazarse hasta la población), pero también se puede alquilar un automóvil y recorrer los 163 km con mucha calma, pues el trayecto se alargará una jornada.
Uadi HadramawtHadramawt se erige como el mayor uadi (río estacional) de la península de Arabia; recorre 160 km sobre un lecho de piedras, a lo largo de un valle de unos 300 m de profundidad. Se trata de una de las zonas más fértiles de Yemen, de un verde brillante que contrasta con la desnudez del desierto. Los asentamientos en la región se remontan al menos al siglo III d.C. La ciudad de Sibam, conocida como el Manhattan del desierto, conforma uno de los puntos culminantes del valle. Sus quinientos rascacielos de estilo tradicional se apiñan en medio kilómetro cuadrado, y se elevan de forma abrupta sobre la llanura uniforme del desierto, sin un solo distrito caótico a la vista. Aunque la urbe existe desde hace al menos mil ochocientos años, la mayor parte de los edificios ubicados en el interior de las murallas datan del siglo XVI. Muchos presentan puertas finamente cinceladas con elegantes cerraduras; las ventanas están enrejadas con celosías de talla muy elaborada; y todo construido en madera.
Say'un, la mayor población del valle, alberga algunas de las mezquitas más hermosas del país. El palacio del sultán aparece como uno de los más pomposos de Yemen del Sur: un coloso blanco en forma de torre, edificado en la década de 1930, que presenta ventanas decoradas de un color azul brillante. El edificio posee un museo donde se disponen objetos arqueológicos, exposiciones de artesanía popular y chucherías pertenecientes a los antiguos sultanes. La tienda de recuerdos resulta, igualmente, excelente.
Say'un puede vanagloriarse de poseer las mezquitas más bellas, pero Tarim contabiliza el mayor número de templos. Esta población, protegida por acantilados de rocas en uno de sus costados y rodeada de palmerales en el otro, constituye un importante centro de enseñanza islámica sunní y acoge (al menos, oficialmente) 365 mezquitas. La más famosa, al-Muhdar, se denomina como un importante maestro religioso. Cuenta con un sólido minarete de 50 m de altura, cuadrangular, construido con ladrillos de barro, y es el más elevado del sur de Arabia, así como el símbolo de Tarim. El viajero que prefiera los atractivos de escasa ostentación, debe visitar la biblioteca al-Ahqaf, con su impresionante colección de manuscritos antiguos y hermosas caligrafías árabes. El uadi se encuentra en la zona oriental de Yemen, a unos 800 km al este de Sanaa. Say'un, en el centro del valle, acoge un aeropuerto al que llegan vuelos procedentes de la capital y Adén. Un viaje en autobús o taxi desde Sanaa puede alargarse dos o tres días.
BaraqisBaraqis, antigua capital del reino de Ma'in, se sitúa junto a un uadi en el norte de Yemen. La ciudad fue un próspero centro durante varias décadas hacia el año 400 a.C.; posee unas imponentes murallas, punteadas por docenas de torres de vigía, que rodean un asentamiento densamente urbanizado.
No queda mucho del Baraqis de antaño. Permanecen sus murallas, para cuya construcción se utilizó antiguas piedras con inscripciones minoicas, pero el resto de la urbe se halla desértico y en ruinas. En el centro se pueden contemplar los vestigios de una mezquita y un templo.
Baraqish dista unos 100 km de Sanaa. No existe transporte público entre ambas ciudades, por lo que es preciso contratar una excursión o alquilar un taxi en Ma'rib.
Rada'La desordenada ciudad de Rada' es conocida fundamentalmente por su excepcional mezquita. Está considerada una de las poblaciones más importantes de la provincia meridional de al-Bayda y se emplaza en un llano, adosada a una colina fortificada de roca. Su casco antiguo está rodeado, en parte, por un muro de piedra. La mayoría de sus edificios fueron construidos en barro.
La mezquita al-Amiriya, en el centro de la ciudad vieja, se erigió hace unos quinientos años bajo el reinado del sultán Tahirid, y responde a un diseño único en Yemen. En la actualidad, se está restaurando y ya no se utiliza para el culto, así que está permitido pasear por su interior. Las cúpulas acanaladas del monumento resultan particularmente bellas.
Las casas de barro de Rada' contrastan notablemente con los edificios de piedra del resto del país. Estas viviendas están construidas con ladrillos, pero anualmente se les aplica un baño fresco y suave de barro gris. Presentan bonitas ventanas, únicas en Yemen, con montantes en forma de abanico provistos de arcos triples y enormes paneles de alabastro. Al norte de Rada' se halla el volcán más joven de Yemen, al-Lisi, que sigue escupiendo vapor de vez en cuando.
Esta población se encuentra a unos 180 km al sur de Sanaa. Existen autobuses regulares entre ambas ciudades, así como infinidad de alojamientos y restaurantes.
Bayt al-FaqihEl mercado del viernes de Bayt al-Faqih, uno de los mayores y más tradicionales del país, se convierte en el enclave idóneo para adquirir recuerdos. Sus inicios datan del siglo XVIII, cuando la población destacaba como centro de comercio del café. En el norte de Yemen los mercados semanales resultan tan comunes como la mugre, y cada pueblo posee uno propio. Tradicionalmente se venden frutas, verduras, carne y artículos manufacturados, aunque en la actualidad también ofrecen productos importados.
El mercado de Bayt al-Faqih es enorme: acoge a unos mil comerciantes y distintas zonas para cada tipo de producto, algunas cubiertas y otras al aire libre. Además de café, puede encontrarse alfarería yemení, coloridas prendas de vestir, cestas Tihami, camellos, burros, pollos, fruta fresca, verduras y semillas.
Bayt al-Faqih está situada a unos 150 km al sureste de Sanaa; se han habilitado autobuses hasta la ciudad, vía Hudayda; también resulta factible desplazarse en taxi. Más allá del paseo por el mercado semanal, escasean las actividades que ofrece esta población, por lo que no merece la pena pernoctar.
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