En Perú los precios suelen ser más bajos que en Europa, pero resulta menos asequible que los países vecinos. Lima y Cuzco son las ciudades más caras. Los viajeros con escaso presupuesto pueden pasar el día con 20-30 dólares, pero si desean pernoctar en un hotel confortable y comer en un restaurante, lo pasarán mejor con 50 dólares diarios. En los destinos más visitados, como Machu Picchu, los alojamientos de lujo pueden llegar a costar 200 dólares.
Se aconseja llevar dólares, pues las demás monedas sólo se pueden canjear en las grandes ciudades y por ellas se cobra una elevada comisión. El cambio de divisas puede realizarse en bancos, casas de cambio, hoteles de primera clase o bien en la calle (individuos que rondan las proximidades financieras, pero que nunca ofrecen mejores tipos que los propios bancos y se corre el riesgo de ser engañado). Lo más sencillo es acudir a una casa de cambio. Los tipos varían de un lugar a otro, pero de forma poco significativa, excepto en algunos hoteles donde cobran una comisión relativamente alta. Resulta más económico cambiar cheques de viaje. La tarjeta de crédito más aceptada es la Visa, pero puede acarrear un incremento del 8 por ciento en concepto de comisión, a menos que se utilice para retirar dinero en metálico de un cajero automático (siempre en moneda peruana).
En los hoteles y restaurantes de mayor categoría, a la factura se le agregan los impuestos y el servicio (puede representar hasta un 28 por ciento del total). Sin embargo, los establecimientos más baratos no incluyen estos impuestos. En los restaurantes modestos las propinas son voluntarias, pero en los más lujosos se acostumbra a dejar entre el 10 y el 15 por ciento del total si en la cuenta no está incluido el servicio. A los taxistas no se les ofrece propina: hay que regatear considerablemente de antemano y no ceder en el precio acordado. A los guías locales se les suele bonificar con 3 o 5 dólares diarios. En los mercados, el regateo es lo habitual.
ComidasLa temporada de mayor afluencia turística engloba los meses de junio a agosto, coincidiendo con la estación seca en el altiplano, la mejor época para realizar excursiones. Durante los meses más húmedos (de enero a abril), el senderismo puede convertirse en una tarea engorrosa a causa del lodo. El grueso de las fiestas se celebran en la estación húmeda y las fuertes lluvias no consiguen deslucirlas en lo más mínimo.
Los peruanos acuden a la playa durante los meses más soleados, de finales de diciembre a marzo, pese a no haber muchas realmente atractivas. El resto del año, la costa presenta un manto de neblina. En las selvas orientales, las precipitaciones son copiosas. Los meses más húmedos son los que se extienden de diciembre a abril, aunque raras veces la lluvia se prolonga más de unas horas y, por lo tanto, aún es posible disfrutar del sol.
La mayoría de las fiestas peruanas rinden homenaje al calendario litúrgico católico. Se celebran con gran boato, especialmente en el altiplano, donde suelen coincir con alguna celebración agrícola. Los acontecimientos más destacados son el Carnaval (febrero-marzo), muy popular en el altiplano, acompañada de batallas de agua; el Inti Raymi (24 de junio), la principal festividad inca, con danzas y desfiles; la Independencia de Perú (28 de julio); Todos los Santos (2 de noviembre), con ofrendas de comida, bebida y flores a las tumbas de familiares; y el Día de Puno (5 de noviembre), caracterizado por la abundancia de trajes vistosos y bailes en las calles.
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