En sus buenos tiempos, la República Dominicana estaba cubierta de exóticas selvas tropicales de flora y fauna muy variada, con unas mil quinientas especies únicas en el planeta. De todas formas, a pesar del drenaje al que se han sometido numerosos pantanos y a la tala de incontables árboles para obtener carbón, permanecen oasis de naturaleza virgen suficientes para satisfacer al ecoturista más exigente.
La superpoblación y la miseria constituyen los principales enemigos del medio ambiente. El país sufre un ciclo ya conocido por todos: los bosques se esquilman para conseguir leña, materiales de construcción y tierras de cultivo, y después el relieve montañoso y las fuertes lluvias conspiran para arrastrar al mar la frágil superficie del suelo, de forma que la tierra que se ha cobrado al bosque deja de ser fértil. Existen diversas organizaciones en la República Dominicana dedicadas a crear una relación sostenible entre la creciente población y un ecosistema cada vez más oprimido.
En ocasiones, las inclemencias climáticas son las que causan los mayores daños al ecosistema y a la población, como las graves inundaciones que asolaron el suroeste del país a finales de mayo de 2004.
A pesar de todo, la República Dominicana puede presumir de unos paisajes bellísimos, desde manglares a selvas nubladas en las montañas, admirables árboles y más de doscientas especies de aves. A poca distancia de la costa, se descubre una vida salvaje más sorprendente, especialmente los famosos rorcuales que acuden a la bahía de Samaná para el apareamiento. Manatíes, calderones de aleta corta y unas diez especies de tortugas marinas nadan por las aguas que rodean la isla de La Española.
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