Los precios en los centros turísticos más importantes -especialmente en Praga, aunque también en los balnearios de la zona de Bohemia- son elevados, aunque no exagerados. La gran excepción la constituye el alojamiento en Praga, cuyo coste se equipara a la media del resto de Europa Occidental. Hospedarse en albergues económicos y cámpings, comprando la comida en establecimientos o recurriendo a bares y cafeterías, puede suponer unos 15 dólares por persona y día en verano. Permanecer en una casa de huéspedes o en un hostal, comiendo en restaurantes asequibles y utilizando el transporte público, entraña un presupuesto que puede ascender a 20 o 25 dólares. Pero compartir una habitación doble limpia con baño en un hotel o pensión de categoría media, y disfrutar de buena comida local u occidental generará un desembolso diario aproximado de 30 a 40 dólares. Si la estancia se efectúa en el centro de Praga los gastos ascenderán entre un 30 y un 50 por ciento, e incluso más respecto al precio original. Por otro lado, hay que tener en cuenta que en temporada baja muchos hoteles de categoría media y baja reducen sus tarifas una tercera parte.
Cambiar los cheques de viaje es sencillo; los eurocheques pueden canjearse sin comisión en las oficinas de Komercní Banka. En la mayoría de los enclaves turísticos, hoteles y restaurantes de lujo aceptan tarjetas de crédito; habitualmente, American Express, Visa o MasterCard, y en ocasiones Eurocard, Diners Club o JCB. La mayor parte de las agencias de viaje y algunos establecimientos turísticos de Praga también las aceptan, pero muchos comercios prefieren las coronas checas. También se suelen aceptar otras monedas en efectivo como los dólares estadounidenses y los marcos alemanes. Se aconseja evitar el cambio en el mercado negro, ya que la tasa habitual suele ser similar a la que ofrecen las entidades bancarias y, además, infinidad de timadores estafan a turistas con billetes de coronas antiguas o de zlotys polacos.
En los restaurantes turísticos con servicio de mesa se estila gratificar al personal con una propina de entre un 5 y un 10 por ciento de la cuenta.
ComidaMayo, junio y septiembre constituyen los meses más agradables para visitar este país, con abril y octubre como alternativas algo más frías y, a veces, más económicas. La mayor parte de la población checa veranea en julio y agosto, cuando los hoteles y las zonas turísticas están más atestadas y los albergues se encuentran al completo, especialmente en la capital y en las zonas montañosas de Krkonose y Tatras. Por fortuna, la oferta de alojamientos más baratos se incrementa en las grandes ciudades en esta época. Centros como Praga, Brno y los complejos de montaña acogen a los visitantes a lo largo del año; más allá de estos emplazamientos, la mayoría de castillos, museos y sitios de interés, así como algunos hoteles, permanecen cerrados durante la temporada baja.
En la República Checa se celebran con gran entusiasmo las festividades y las conmemoraciones oficiales. El 30 de abril, en Praga se festeja el Paleni Carodejnic (la Quema de las Brujas), fiesta precristiana surgida para ahuyentar al maligno; en la actualidad, la práctica de la quema de brujas se ha reemplazado por hogueras que, durante toda la noche, arden en la isla de Kampa y en los patios traseros de las afueras. Entre las actividades culturales programadas en la República destacan el Festival Internacional de Música Prazské Jaro (Primavera de Praga), en mayo, la Feria Internacional del Libro de Praga, celebrada en el mismo mes, y el Prazsky Podzim (Otoño de Praga), en septiembre. Las fiestas navideñas cierran de forma sosegada el año en gran parte del país, aunque Praga sigue recibiendo innumerables turistas durante las vacaciones invernales.
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