La revalorización del peso chileno y la inflación del sector turístico han incrementado de forma sustancial los costes del viaje en los últimos años, por lo que Chile ha dejado de ser un país barato. Aunque todavía es posible viajar con un presupuesto bajo, puesto que el alojamiento, la comida y el transporte siguen siendo más económicos que en Europa, América del Norte o incluso Argentina. Se debe calcular un mínimo de 25 dólares por día para comer y hospedarse, aunque comprando los alimentos en los mercados o comiendo en restaurantes modestos es posible moverse con menos dinero.
Los cheques de viaje son, sin lugar a dudas, más seguros que el dinero en efectivo, pero en las ciudades pequeñas y apartadas de las rutas turísticas, puede ser difícil encontrar un banco para canjearlos, por ello resulta una buena idea llevar una suma en metálico. Sólo los cajeros automáticos de las urbes más importantes son compatibles con los sistemas internacionales de débito. Las tarjetas de crédito se aceptan en muchos comercios y establecimientos.
En los restaurantes es costumbre dejar un 10 por ciento de propina; hay que tener en cuenta que los camareros reciben un salario modesto. No es necesario gratificar a los taxistas, si bien conviene redondear la cifra. Las tarifas de los autocares de larga distancia o los taxis compartidos son negociables. En los mercados artesanales es costumbre regatear. Si se va a permanecer en hoteles durante la temporada baja o para largas estancias, es recomendable negociar los precios.
ComidaSu variedad geográfica permite la visita a Chile en cualquier estación del año.
En primavera (de septiembre a noviembre) y durante las cosechas de otoño (entre febrero y abril) son preferibles Santiago y la parte central del país. En verano (de diciembre a marzo) resulta más adecuado disfrutar de parajes naturales como el Parque Nacional del Paine, en Magallanes, y la región de los lagos.
Las estaciones de esquí atraen a muchos extranjeros durante el invierno (de junio a agosto). La isla de Pascua presenta un clima más suave, unos precios más reducidos y menos turismo en temporada baja; de la misma forma que el archipiélago de Juan Fernández, inaccesible cuando las lluvias invernales estropean las toscas pistas de aterrizaje; el momento idóneo para su visita es el mes de marzo.
Las vacaciones de Semana Santa y de Navidad son las celebraciones nacionales más importantes, pero existen numerosos festejos seglares en septiembre, como las Fiestas Patrias (a mediados de mes), el Día de la Independencia Nacional, el 18 (con animadas manifestaciones), y el Día de las Fuerzas Armadas, el 19.
Entre las innumerables festividades culturales locales, Andacollo, al norte de la capital, celebra la Fiesta de la Virgen del Rosario, acaso la más insólita de todas, que cada diciembre atrae a peregrinos desde lugares tan alejados como Bolivia. Grupos de danza de inspiración asiática acompañan a una procesión de la imagen de la Virgen hasta un santuario. Las carreras de caballos y las peleas de gallos proporcionan distracciones complementarias a la multitud que acampa en las colinas de los alrededores.
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