Puntuación media:
Cuando la calle Aragó era aún el sitio por donde la vía ferroviaria unía estas dos ciudades, allá por los años 20, ya existía este restaurante. De esta epoca datan sus decorados, sus sillas y su altillo, así como un órgano que sorprende en medio del local. Su especialidad es el pescado, la cocina es de temporada, disponen de un guiso del día y de platos que, siendo sencillos, no dejan de lado la buena calidad. Como tener que esperar por una mesa es lo habitual ya que no hay reservas, unas curiosas sillas de cartón nos hacen más confortable el rato hasta que accedemos a una mesa en el comedor.
genial, para repetir... siempre lleno...importante ir pronto para evitar las colas
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