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Desde el otro lado de la bahía, el Cristo de La Habana bendice a la ciudad, a semejanza del famoso Cristo del Corcovado en Río de Janeiro. Esta estatua de mármol es obra de Jilma Madera y fue entronizada en 1958, sobre una elevación que constituye un lugar privilegiado para mirar el crepúsculo. Se puede llegar a el por carretera, o cruzando la bahía en balsas. Cerca de su base hay un bar abierto las 24 horas.
E·s un lugar maravilloso,por su situación geográfica y valor histórico.
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