El origen de la ciudad Eterna data del año 1500 a.c por la unión de diversos asentamientos latinos, etruscos y sabinos. Dado su valor estratégico (estaba en el cruce de dos rutas muy importantes que comunicaban Etruria y Campania), en el siglo VI a.c se convirtió en una potente ciudad a nivel marítimo e imperial. Debido a las conquistas territoriales del Imperio Romano, la ciudad aumentó mucho su población. Además, la ciudad construyó acueductos, templos, foros y grandes monumentos que aún en la actualidad permanecen en pie. El Coliseo es un buen ejemplo de ello. Tras un periodo de declive, con la llegada del Renacimiento, la ciudad volvió a estar a la cabeza en el ámbito cultural. En 1871 se convirtió en la capital de la Italia unificada y desde entonces no ha parado de crecer.
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