Historia

La primera referencia documental de Moscú se encuentra en las antiguas crónicas monásticas del año 1147, cuando, el 4 de abril, Yuri Vladimirovich Dolgoruky, príncipe de Sudzal, fue huésped en “un gran banquete” de su aliado, el príncipe de Novgorod-Sversky “en Moscú”. Este es el dato histórico de la fundación de la ciudad, aunque arqueológicamente los indicios demuestran la existencia de un asentamiento desde los tiempos del Neolítico. Excavaciones arqueológicas han revelado también la existencia de caminos rurales y muestras de trabajos con piel y hierro alrededor del siglo XI. Moscú pronto se desarrolló como una de las ciudades más importantes del principado de Vladimir Suzdal. Como muchas otras ciudades rusas, la capital fue ocupada e incendiada por los mongoles en la gran invasión de 1236 a 1240, y sus príncipes tuvieron que aceptar su soberanía.

La ciudad fue recuperada por los rusos, vuelta a saquear por los mongoles y, por fin, fortificada convenientemente. Después de esto la ciudad aumentó su importancia y se incrementó la actividad artesanal y comercial, superando muy pronto en tamaño a los territorios hasta entonces más importantes de los que integraban los dominios de Suzdal y Vladimir. La autoridad de la ciudad fue enormemente realzada cuando en 1326, el provincial de la iglesia ortodoxa rusa trasladó su sede de Vladimir a Moscú, lo que le convirtió en el centro de la ortodoxia. Tras la caída de Constantinopla, arrebatada a los turcos, la ciudad reclamó el título de “Tercera Roma”, y bajo el mandato de Iván I Kolita, el principado de Vladimir se incorporó al de Moscú.

En la segunda mitad del siglo XV, y especialmente tras la anexión de Novgord en 1478, Moscú se había convertido en el centro de un estado ruso unificado. Durante el mandato del gran príncipe Iván III el Grande, el Kremlin fue ampliado y se le dotó de casi dos kilómetros de muro de ladrillo rojo, que en algunos puntos tenía unos 15 m de alto. También en este periodo se reconstruyó la catedral de la Asunción y las igualmente hermosas catedrales de la Anunciación y del Arcángel, el Palacio de las Facetas y el campanario de Iván III. Sin embargo, a pesar de las nuevas fortificaciones, Moscú continuó sujeto a diversos avatares. En 1547, dos incendios destruyeron buena parte de la ciudad. A mediados del XVI, Iván IV el Terrible conquistó los territorios tártaro-mongoles de Kazan y Astracán (1552 y 1556, respectivamente). Pero en 1571, los tártaros de Crimea conquistaron Moscú y lo incendiaron todo excepto el Kremlin; según cuenta la historia, sólo 20.000 personas de una población de 300.000 habitantes sobrevivieron. En 1592, se levantó alrededor de la ciudad un talud exterior de tierra con 50 torres, que abarcaba hasta una zona en la orilla derecha del Moscova, cercando así una extensión mayor de un Moscú que había estado creciendo sin parar más allá de Beli Gorod. Conocido en un principio como Skorodom, este sector externo se llamó posteriormente Melyanoy-Gorod, o ciudad de tierra.

Hoy, sus límites los marca el anillo de los jardines. Con el respaldo de esa mayor seguridad, floreció el comercio y algunos barrios empezaron a ser ocupados por diferentes gremios; así, a los suburbios de Bronnoya fueron los armeros; a Kutnezskaya, los herreros; a Kotelniki, los torneros y orfebres, y cruzando el río se encontraban los barrios de los tejedores. Todo estos grupos han dado nombre a numerosas calles que aún se conservan. El comercio con Europa occidental (en especial con Inglaterra y Holanda) así como con Asia Central, Transcaucásica, Persia y la costa del mar Negro, fue intenso, principalmente con las pieles; y la floreciente vida cultural provocó el crecimiento del comercio de libros y la fundación en 1553 de la primera imprenta.

En los albores del siglo XVII, Moscú, al igual que el resto de Rusia, sufrió terriblemente. Durante el mandato de Boris Godunov se produjeron terribles hambrunas (1601-1603). Tras su muerte en 1605, el primer Dmitry el Falso se apoderó de Moscú con ayuda de los polacos; poco después fue asesinado, en 1606, y expulsados los polacos, que volvieron a tomar la ciudad con un segundo Dmitry el Falso (1608-1610). En mayo de 1611, los moscovitas atacaron a los polacos y los invasores se refugiaron en el Kremlin. Bajo el liderazgo enérgico de un boyardo, el príncipe Dmitry Mikhaylovich Pzharsky, y un comerciante, Kuzma Minin, los rusos forzaron la rendición de los polacos en octubre de 1612. Con la llegada de Miguel Romanov en 1613 Moscú vivió una relativa paz y como consecuencia de ello un mayor progreso económico. No obstante, las terribles condiciones de los más pobres les llevaron a protagonizar frecuentes revueltas y levantamientos. En 1648, a raíz de un incremento del impuesto sobre la sal, y de nuevo en 1662 en el llamado “motín del cobre”, hubo importantes disturbios promovidos por artesanos, obreros y comerciantes. La gran revuelta de Stenka Razin, al sur de Rusia (1667-1671) provocó una fuerte inquietud en la capital, y en 1671 Razin fue ejecutado en Moscú como advertencia a sus habitantes. A pesar de los frecuentes levantamientos, la cultura floreció en la ciudad, y en 1687 surgió la primera institución rusa de educación superior, la Academia eslavo-griego-latina, enclavada en el monasterio de Zaikonospassky, en el Kitay-gorod. En 1701, Pedro el Grande fundó una Escuela de Matemáticas y Navegación. El primer periódico ruso se empezó a publicar en Moscú en 1703. Ese mismo año Pedro I comenzó la construcción de San Petersburgo en el golfo de Finlandia, y en 1712 trasladó la capital a su nueva, occidentalizada y deslumbrante ciudad. Los miembros de la nobleza fueron forzados a trasladarse allí; muchos mercaderes y artesanos también tuvieron que irse.

El incremento de la población y la construcción languidecieron en Moscú durante cierto tiempo, aunque logró recuperarse pronto de la pérdida de la capitalidad. El propio zar promovió el crecimiento económico estableciendo nuevas industrias, iniciativa secundada por los inversores privados. En 1725 había ya 35 nuevas factorías, que empleaban a 5.500 trabajadores. Más de 20 de estas fábricas eran talleres textiles, entre ellas una empresa del zar que producía prendas para marineros.

Durante el siglo XVIII, Moscú conservó su papel esencial en la vida cultural de Rusia. En 1775, y por iniciativa del gran hombre de las ciencias y las letras Mikhail Vasilyevich, se creó la Universidad de Moscú, la primera de Rusia. La facultad de medicina y cirugía nació en 1786. En 1812, Napoleón invadió Rusia. El 7 de septiembre, tras una amarga batalla de 15 horas en Borodino, en las cercanías de Moscú, el comandante en jefe de las tropas rusas, el general Kutuzov, ordenó la evacuación de militares y civiles de la ciudad, que una semana más tarde fue ocupada por los franceses. Un gran incendio se extendió rápidamente, destruyendo las dos terceras partes de los edificios. El continuo saqueo junto a la escasez de suministros y cobijo, y las constantes escaramuzas de las guerrillas del ejército ruso, impidieron a Napoleón superar el invierno en Rusia, y el 19 de octubre las tropas francesas iniciaron su dramática y catastrófica retirada.

En 1813 se creó la Comisión para la Construcción de la Ciudad de Moscú, que puso en marcha un importante programa de reconstrucción e incluyó también un replanteamiento del centro de la ciudad. La industria se recuperó rápidamente y continuó su desarrollo durante el siglo XIX. En 1837 se inauguró la Bolsa. La emancipación de los serbios en 1816 y la llegada del ferrocarril con la línea a San Petersburgo en 1815, facilitaron la movilidad de la fuerza laboral, y multitud de campesinos comenzaron a trasladarse a Moscú. La ciudad se convirtió en el principal nudo ferroviario del país, con líneas de primer orden a todos los destinos de la Rusia europea.

Los últimos años del siglo XIX fueron un periodo en el que aparecieron ostentosos edificios de autoridades y acaudaladas fortunas privadas, con estilos que recordaban la antigua Rusia. Pero el crecimiento del proletariado industrial, junto al inferior nivel de vida de los trabajadores, produjo un malestar creciente y una oleada de huelgas, capitaneadas por diversos grupos revolucionarios bastante activos. En el movimiento de 1905 se produjo una pequeña insurrección en Moscú que destruyó la Estación de Nikolayev (hoy de San Petersburgo). En 1917, aunque se instauró el consejo de Diputados Obreros y Militares, la ciudad se mantuvo en calma hasta el violento levantamiento bolchevique en San Petersburgo (a partir de entonces Petrogrado) el 25 de octubre, que no tardaría en llegar a Moscú. Los militares se mantuvieron durante un tiempo en el Kremlin, pero el 3 de noviembre fueron desalojados y el poder bolchevique se estableció con firmeza. En marzo de 1918, Lenin y el gobierno soviético se trasladaron a Moscú, que asumió así, nuevamente, su status como capital. Este papel se ratificó formalmente el 30 de diciembre de 1922, cuando se reunió el primer Congreso de los Soviets en el Teatro Bolshoi, y aprobó la legislación que creaba la URSS.

En el periodo de la Guerra Civil, Moscú, al igual que otras ciudades soviéticas, sufrió enormemente la escasez de alimentos, el descenso de población y la paralización de la industria. Los años siguientes fueron de recuperación y el desarrollo económico volvió a ser intenso. Moscú dobló su población entre 1926 y 1939, llegando casi a los 4.200.000 habitantes. A finales de 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis llegaron a las afueras de Moscú, a unos 40 Km del Kremlin. Muchas fábricas fueron evacuadas, y parte del gobierno huyó. Desde el 20 de octubre la ciudad se declaró en estado de sitio. Los moscovitas construyeron a pie de calle defensas antitanque, mientras la ciudad era bombardeada desde el aire. Un desesperado contraataque el 6 de diciembre hizo retroceder a las tropas alemanas y Moscú consiguió salvarse.

El resurgimiento tras la guerra fue muy rápido, con un mayor crecimiento de la economía urbana. Dos grandes acontecimientos acompañaron el resurgir de la ciudad: su octavo centenario en 1947, dos años después del final de la Segunda Guerra Mundial, y la celebración de los Juegos Olímpicos en 1980. Durante la postguerra la inmigración produjo una fuerte escasez de viviendas, que alcanzó tintes dramáticos en los años 50. La densidad de población en el “anillo de los jardines”, por ejemplo, alcanzaba las 51.000 personas por Km2 en 1959. En tiempo de Kruschev se inició un enorme plan de edificación.

La mayoría de los antiguos edificios, en general hechos en madera y de una sola planta, se derribaron para crear enormes bloques de apartamentos que rodearon el corazón histórico de la ciudad. En 1960 se hizo una revisión del plan de 1935 para incrementar el desarrollo de Moscú. En él se incorporaron las ciudades-satélite adyacentes, se planeó un crecimiento urbano dentro del anillo de carreteras de Moscú, y se diseñaron también áreas residenciales, industriales y zonas verdes. Sin embargo, a finales de los 70, el crecimiento había desbordado las previsiones y en la siguientes décadas se hicieron necesarios planes de expansión urbana más allá del anillo de los carreteras. En 1991, Moscú fue el escenario del atentado perpetrado contra el presidente reformista Mikhail Gorbachov por los comunistas radicales. Pese a que el atentado pudo frustrarse, a este hecho le siguieron unos meses decisivos en los que la URSS fue disuelta. Moscú siguió siendo el principal foco de atención y también de protesta cuando el gobierno ruso pretendió instaurar fuertes cambios sociales y económicos mientras el acelerado proceso de transición estaba produciendo importantes problemas a nivel económico, y un gran desorden y desarraigo sociales.

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