La verdad histórica indica que la ciudad de Venecia se erigió sobre un conjunto de islas situadas sobre una laguna pantanosa en el mar Adriático, entre las desembocaduras de los ríos Po (sur) y Piave (norte), al nordeste de Italia.
La capital de la región de Véneto se compone de 120 islitas unidas entre sí por 450 puentes, las cuales configuran un laberinto de canales que discurren entre ellas y que ocupan el lugar de las calles en las urbes normales. Por ellas circulan miles de góndolas que, impulsadas por un gondolero, han nutrido el imaginario literario y cinematográfico de miles de artistas.
¿Quién no registra el cuadro de la pareja de enamorados montada sobre una de estas embarcaciones con el navegante detrás entonando el O sole mío? Los enamorados en Venecia se han transformado en una imagen clisé del imaginario internacional.
La belleza de la ciudad inspira el romanticismo en cada esquina. Su magia se compone de colores por doquier, balcones floridos, palacios, puentes e iglesias que han seducido durante siglos a sus visitantes.
Pero el crecimiento de esta ciudad se produjo por una razón muy distinta a la de su irresistible encanto. Habitada en la Antigüedad por el pueblo véneto, recibió en el siglo V a emigrantes de ciudades como Padua que buscaban refugiarse de las invasiones germanas que amenazaban Italia. ¡Y qué mejor refugio que estas fortalezas naturales rodeadas de agua! Allí se establecieron y fundaron su gobierno presidido por 12 tribunos, tantos como islas principales había.
El Puente de la Libertad conecta a Venecia con tierra firme. La Plaza de San Marcos marca el punto turístico principal. Elogiado por Napoleón Bonaparte como El salón más bello de Europa donde salón es sinónimo de plaza--, este espacio exhibe un extraordinario suelo de losas de piedra de Istria, bordeado por edificios famosos: la fachada de la basílica de San Marcos, el Campanile de ladrillo (desde donde se avistaban los barcos y los incendios de la ciudad y que muestra una imponente vista panorámica de Venecia), el Palacio patriarcal, la Torre del Reloj (llamada también Los dos Moros) y los dos edificios de la Procuradurías Viejas (sede de procuradores y magistrados que se encargan de la conservación de la basílica) y Nuevas, con sus famosas fachadas formadas por arcos.
De todos los acueductos que bifurcan Venecia, seguramente el Gran Canal constituya el más representativo de la imagen de la ciudad. A lo largo de los 3.800 metros del Canalazzo como lo llaman los venecianos-- se levantan alrededor de 200 palacios construidos entre los siglo XII y XVIII.
Cuna de personajes famosos como Marco Polo, Antonio Vivaldi o Giacomo Casanova, y de imponentes iglesias, la ciudad de los canales también muestra su cara menos romántica y admirable: la constante amenaza del agua. Cansados de las permanentes inundaciones, los venecianos emigran hacia otros destinos.
En primavera y otoño el agua alta invade los suelos dos veces al día. Incluso la plaza de San Marcos se anega y deben colocarle pasarelas de madera para que la gente pueda circular. Las autoridades estudian la construcción de diques movedizos para paliar las crecidas. Sobre todo, la gente deserta de la bella Venecia para no asistir a su trágico aunque muy lejano-- destino: cada año el agua traga casi 1,2 millones de metros cúbicos de tierra.
Así, si en 1951 vivían 175.000 personas, en 1998 sólo quedaban 68.000 y en 2005, 40.000. Sin embargo, este descenso del número de residentes desentona notoriamente con el incremento constante de la cantidad de turistas que durante todo el año colma los hoteles. Concretamente, 15 millones de visitantes que buscan en los canales venecianos el profundo romanticismo.
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