Mil años antes que Colón, un puñado de polinesios embarcados en frágiles esquifes de fibra vegetal se lanzaron a la búsqueda del lugar donde su mitología ubicaba la residencia de los dioses: el lugar más alejado de tierra firme del planeta, el enclave donde sus almas retornarían después de la muerte para vivir en unas perennes paz y alegría...Hawái.
A cuatro mil kilómetros de cualquier sitio la naturaleza Hawaiana evolucionó a su ritmo y manera. Las especies animales y vegetales llegaban casi por casualidad, seguramente a un ritmo de una cada diez mil años, y en las fértiles tierras volcánicas echaban raíces, nidificaban y se reproducían. El lugar era el más indicado para la vida; en el archipiélago se dan once de los trece climas existentes en el planeta. En unos minutos se pasa de las cumbres nevadas a la selva tropical, pasando por campos de lava, volcanes activos, praderas y playas de arena coralinas.
Con esta prodigiosa variedad de ecosistemas, no es de extrañar que las islas posean una biodiversidad asombrosa; prueba de ello son los símbolos oficiales isleños, entre los que se encuentra el Humuhumunukunukuapuaa, un pequeño pez tan divertido como su nombre y que sólo se encuentra en esas islas, al igual que el Hibisco Hawaiano, o el Ganso Hawáiano. Como abanderada de la fauna marina de las aguas del archipiélago tenemos a la enorme ballena yubarta, llamada por los nativos Kohola kuapio.
Hawái está compuesto por diecinueve islas y atolones extendidos a lo largo de 2.400 kilómetros. Las principales son las ocho situadas al sureste del archipiélago y son Niihau, Kauai, Oahu, Molokai, Lanai, Kahoolawe, Maui y Hawáii (Hawái). Gran parte del territorio Hawáiano (algo más de 1300 kilómetros) está en íntimo contacto con el mar, configurando algunas de las playas más bellas y espectaculares del mundo. Pero ¿cuál es la mejor playa en el lugar con las mejores playas del planeta? Imposible responder.
Si nos gustan los lugares recónditos, vírgenes y con un punto de extravagancia, quizá quedemos subyugados por la Playa de Arena Verde de Papkolea, un lugar de innegable potencia paisajística y negra roca volcánica que acoge una playa de arenas verde oscuro.
Sorprendente es también la bahía de Kiholo, en el noroeste de la isla de Hawái, un lugar donde el agua dulce y la oceánica se mezclan conformando un laberinto de playas de arena negra, palmeras y praderíos donde pastan manadas de ¡burros salvajes!
Igualmente atractivas son las piscinas naturales de Kapoho, que ofrecen recoletos baños protegidos del océano, también en Hawái, o la impresionante playa de Halawa, en la isla de Molokai, custodiada por macizos montes cubiertos de bosques.
No menos impactante es la playa de Polihale, la más larga del archipiélago: 27 kilómetros de arena blanca y dunas de más de 30 metros de alto situadas frente a un océano impetuoso y, a ratos, peligroso.
Los amantes de la fauna marina disfrutarán en la playa de Hulopoe, en la isla de Lanai. Se trata de una playa amplia pero resguardada, en cuyas aguas habitan docenas de especies de peces, corales y no es raro que acompañen nuestros baños delfines salvajes.
Sin embargo, puede que la joya de la corona de las playas Hawaianas sea alguna de las que se encuentran en la región de Lanikai, en la isla de Oahu. La arena en esta zona tiene un color vainilla increíble, las aguas son traslúcidas y en el horizonte se recortan, como dos colinas de canela, las islas Mokulua, convertidas en reserva ornitológica y cuya visita sólo está permitida en kayak. Tal y como pensaban los antiguos polinesios, si en algún lugar del planeta habitan los dioses, es bastante probable que sea en algunas de estas islas.
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