El Estrecho de Taiwán separa la isla de la República China, cuyo régimen político la rige desde 1945. De hecho, más de un millón de chinos seguidores del Kuomintang cruzaron los 200 kilómetros de estrecho cuando finalizó la guerra civil entre ese movimiento y el Partido Comunista. Quizá ésta sea una de las razones para que la lengua principal que se habla en la isla, a menos en su capital Taipei, sea el mandarín.
Sin embargo, Taiwán se compone de varios grupos étnicos que practican exclusivamente sus propios dialectos. Así que si el mandarín ya representa un problema para la mayoría de los turistas, acostumbrados como mucho a hablar en inglés cuando viajan (idioma que los jóvenes taiwaneses aprenden cada vez más), un recorrido por el interior de la isla puede deparar situaciones confusas y cómicas.
Eso sí, para ahorrar malos entendidos y pérdidas de tiempo, mejor hacerse escribir en chino los destinos fijos a los cuales se pretende llegar: en general, los taxistas y el personal del transporte público no se desempeña en inglés. Más complejo aún resulta comunicarse con los benshengrén (personas de la provincia, en chino), los habitantes de la isla anteriores al 49.
Tres grupos étnicos bien diferenciados habitan Taiwán. Quienes arribaron también antes de aquella fecha (y su descendencia) residen sobre todo en la provincia china de Fujian y su lengua es el minnan o chino min procedente del sur, que se reconoce como "taiwanés". Representan más de la mitad de la población de la isla, concretamente el 60%. Mientras que los benshengrén corresponden al 10% y su dialecto es el hakka.
Quienes protagonizaron el éxodo masivo al final de la guerra civil residen en Taipei y son apodados, a diferencia de los anteriores, wàishengrén ("personas de fuera de la provincia"). Este grupo habla el mandarín con el que el turista se encontrará inevitablemente, ya que en un viaje a Taiwán es obligado pasar por la capital, disfrutar de su gastronomía y de su agitada vida nocturna.
Bañada al norte por el Mar de la China Oriental, al sur por el Mar de la China Meridional y al oeste por el Océano Pacífico, Taiwán responde a un clima tropical marítimo donde las lluvias abundan entre mayo y octubre. Por eso los consejeros turísticos indican los meses de la primavera y el otoño como los mejores para escaparse a la isla, tramitación de visado previa en alguna de las delegaciones diplomáticas chinas o taiwanesas instaladas en las capitales del mundo.
La mayor parte de los 35.759 km² de la isla, más de dos tercios concretamente, muestran elevadas montañosas. Cinco cordilleras atraviesan la isla de norte a sur. Así que los promotores han aprovechado esta topografía para brindar al turista deportes como el esquí o las excursiones. Una topografía que además ofrece preciosas vistas, como las de la Cordillera Montañosa Central por donde discurre el camino costero del noreste que pasa por aldeas diminutas a aballo entre la antigüedad y la modernización. También se puede disfrutar de preciosas playas.
Por la noche, la capital taiwanesa muta el bullicio de las tiendas de porcelana y el gran mercado de imitaciones ilegales, en el cual los libros ocupan un lugar destacado, por el de la las discotecas, cabarets y karaokes. Estos últimos encarnan un entretenimiento típico en la isla. Grupos de amigos de todas las edades se juntan a cantar sobre bandas sonoras de canciones reconocidas y a beber cerveza.
Los restaurantes en Taiwán ofrecen un variada comida china, parte de la cual pero sólo parte resulta familiar en occidente, donde las casas de comida oriental empiezan a manifestarse por doquier. Pero con la particularidad de que en la isla los platos locales se combinan con los del resto del país: Cantón, Shanghai, Pekín, Szechuan, Mongolia, Hunan, y dan lugar a un amplio abanico gastronómico.
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