San Petersburgo Guías

Introducción

Hechos que llenan varios tomos de historia universal sucedieron durante los tres siglos de vida de San Petersburgo. Quien escoja como destino la segunda ciudad más extensa de la extensa Rusia –el país más extenso del mundo—, escogerá entonces por la veta cultural del turismo.

En la urbe que nace donde desemboca el río Nevá, en el Mar Báltico, donde hoy residen más de 4 millones de habitantes (sin contar los otro 5 que residen en el área metropolitana), se radicó durante dos siglos la capital rusa. Federico el Grande, su fundador, decidió que se trasladará allí el centro administrativo del país. Y así fue entre 1712 a 1918.

Por su ubicación, la llamaron “la ventana de Europa”. Único puerto ruso, además de Kaliningrado, en el Báltico. Un potente centro industrial donde se producen telas, químicos y piezas mecánicas y donde la influencias arquitectónicas italiana y francesa del XVIII, y toda la serie de estilos que compusieron la modernidad, la vistieron, cada uno a su medida. Un atuendo ciertamente multifacético que le imprime atractivo, romanticismo y pluralidad estética. Cada año, tres millones de turistas se alojan en sus lujosos hoteles, seducidos por las vistas urbanas.

Un paseo a lo largo de los 4 kilómetros de la avenida Nevsky, principal arteria de San Petersburgo, basta para demostrar el peso de la historia. Las fachadas que enmarcan esta vía, repleta de puentes y palacios, desprenden modernidad. En ella se evidencian rasgos históricos que van desde la época de Pedro el Grande hasta la reunión del G8, en 2003 –coincidente con la celebración del tricentenario de la ciudad—, pasando por la revolución bolchevique.

Testigo principal de las revoluciones de 1905 y 1917, cuyos efectos cambiaron el curso de la historia, San Petersburgo pasó a llamarse Leningrado a partir de estos acontecimientos. Los edificios que se levantan por doquier están cargados de significado, y son producto de los aires barrocos y neoclásicos. La alegría y efervescencia de los años de la revolución se mezclan en sus calles con la tristeza de la muerte. Como la que alcanzó al millón de habitantes cuando los alemanes sitiaron Leningrado en el ’41, impidiendo cualquier tipo de abastecimiento.

Intelectuales y creadores de distintas épocas se sintieron atraídos por una de las ciudades más bellas del mundo. Los atardeceres de San Petersburgo tiñen de pálidos tonos la magnificencia de sus formas. La ambición de Pedro el Grande quiso que esta zona pantanosa se transformase en la puerta de entrada de la modernidad europea a Rusia, y dejó en manos de arquitectos holandeses, italianos y franceses la delineación urbana. De ahí los múltiples estilos que conviven junto a museos, palacios de la antigua aristocracia, templos imponentes, monumentos y fantásticos parques.

Subsistieron al comunismo numerosos templos, que durante los años soviéticos sirvieron de almacenes, entre los que se cuenta la catedral de San Isaac y su reconocida cúpula dorada. En otra parte de la ciudad Vladimir Tatlin, escultor ruso, dirigió la construcción del Monumento a la Tercera Internacional o Torre de Tatlin.

El arte encuentra su albergue especial en el Museo de Hermitage (ermita en ruso). Dentro de los seis edificios que integran la institución, a orillas del Nevà, se guarda la colección de cuadros y antigüedades de los zares. Tres millones de piezas arqueológicas romanas y griegas, cuadros y esculturas de la Europea Occidental, pinturas orientales, rusas, entre otras, integran una de las colecciones más completas del mundo, junto con la del Museo del Prado.

El complejo edilicio comprende al Palacio de Invierno, la residencia de los zares hasta la revolución del ’17, cuando los bolcheviques apuntaron su efervescencia revolucionaria contra la monarquía y, lógicamente, contra su residencia. Catalina la Grande encargó el diseño de la mansión a Bartolomeo Rastrelli, y la construcción de la obra, que inició en 1754, tardó ocho años. Su esplendorosa fachada se extiende cientos de metros y presenta un estilo barroco ruso. Una creación señorial, soberbia, que presenta 1786 puertas y 1945 ventanas. Luego de la revolución se transformó en sede gubernamental soviética.

Casi todas las compañías aéreas europeas tienen como destino San Petersburgo. Y los viajeros encontrarán numerosos hoteles, como el Okhtinskaya-Victoria, el San Petersburgo, a orilla del Neva, el Pribaltiyskaya, en la costa del Golfo de Finlandia, el Astoria, el Angleterre, entre otros.

San Petersburgo

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