Historia

Historia recente
Actualmente, la ciudad cubre ambas orillas del Ebro, pero el casco viejo sigue siendo su corazón geográfico e histórico. El anárquico centro de la ciudad está rodeado de barrios con sus propios centros comerciales y escuelas; gran parte de los trabajadores de la industria viven y trabajan en estas zonas urbanas. A pesar de los cambios en la economía (actualmente la mitad de la población trabaja en el sector servicios), Zaragoza sigue siendo la ciudad cosmopolita que siempre ha sido. También la universidad ha tenido que expandirse fuera del centro; sus 50.000 estudiantes constituyen un porcentaje significativo de la población. Como en otras muchas zonas de España, la modernización de Zaragoza ha sido rápida y en ocasiones problemática, pero con mejores resultados que las regiones costeras excesivamente desarrolladas. Los vuelos directos con Ryanair han tenido un cierto impacto cara al turismo, pero Zaragoza, uno de los destinos menos conocidos de España, se ha librado de las hordas de turistas bebedores que asolan ciudades como Barcelona.

Historia moderna
La Guerra Civil fue el evento que marcó el destino de las comunidades locales en el siglo XX: en 1939, al final de la guerra, las ciudades se habían empobrecido y se encontraban en ruinas y divididas; se estima que el número de muertos durante la guerra fue de entre 500.000 y un millón. Zaragoza fue bombardeada numerosas veces durante estos tres años y en ella se desarrollaron importantes conflictos. Aunque las distintas facciones políticas tenían intereses muy distintos, los dos grandes bandos fueron los franquistas y los leales a la República. El bando nacional se alzó con la victoria al mando de Franco, un fascista que llegaría a colaborar con los dictadores Hitler y Mussolini. El bando republicano estaba formado por gran diversidad de grupos de izquierdas, desde anarquistas hasta capitalistas liberales. Aragón, con una fuerte tradición sindicalista (poco antes de la Guerra Civil Zaragoza vivió una huelga general) debería haber sido el baluarte natural de los republicanos. Sin embargo, la falta de organización impidió a las fuerzas republicanas unir sus fuerzas y, salvo por puntos de resistencia aislados en el campo, sucumbieron a las tropas franquistas. Franco conocía bien la región, ya que en 1928 había establecido la principal academia militar de España en Zaragoza, antes de la guerra (la academia sigue en funcionamiento). La región se hizo famosa, sin embargo, por la Columna Durruti, probablemente la mayor milicia anarquista de la guerra. 2000 milicianos acudieron a Zaragoza desde Barcelona, estableciendo comunidades fuera de la ciudad, ya que la falta de armamento les impidió enfrentarse a los nacionales dentro de la ciudad. La Iglesia de San Antonio de Padua de Zaragoza conserva los restos de los soldados italianos muertos durante la guerra. Mientras Franco, recién alcanzada la victoria, ejecutaba a numerosos republicanos (hasta 20.000 muertos), Europa vivía los comienzos de la Segunda Guerra Mundial. España, oficialmente neutral en la guerra, no sufrió daños en su territorio, aunque numerosos españoles lucharon como voluntarios con el Eje o con los aliados. A pesar del declive de la economía rural de la región, Zaragoza continuó creciendo. En la segunda mitad del siglo XX, su población experimentó un enorme crecimiento gracias a la industria que se instaló en la región.

Historia pre Siglo XX
Zaragoza ha sido una ciudad muy deseada durante milenios. Sus cuatro pretendientes (íberos, romanos, árabes y cristianos) dejaron marcas indelebles en la ciudad que conocemos hoy. El nombre de la ciudad la relaciona con la civilización romana que estableció un emplazamiento en este punto hace unos 2000 años. Tras conquistar el emplazamiento íbero de Salduie en el año 24 a.C., los romanos dieron a la ciudad el nombre de Cesaraugusta, en honor al primer emperador de Roma. La ciudad tuvo gran importancia para el floreciente imperio: gozó de todos los lujos de la riqueza romana, con anfiteatros, sistema de alcantarillado, baños, y llegó a tener 30.000 habitantes. A comienzos del siglo V la decadencia del Imperio Romano dejó paso a los visigodos cristianos. Su hegemonía en la ciudad, al igual que en gran parte de España, duró tres siglos, hasta la invasión árabe en 719. Los nuevos moradores la renombraron como Saraqusta y la ciudad vivió un momento de esplendor. Fue un importante centro cultural, comercial y artístico, así como capital de un reino taifa independiente. Algunos de los edificios más magníficos de la ciudad se construyeron para albergar y proteger a los regidores árabes. Cuatrocientos años después del comienzo de la civilización árabe, los ejércitos cristianos liderados por el Rey Alfonso I derrotaron a los moros y proclamaron el nuevo reino de Aragón. Zaragoza se convirtió en la capital del reino, que abarcaba los territorios de Catalunya, Islas Baleares, Valencia, Sicilia, Nápoles, Neopatria y Atenas. Fue una comunidad intelectual abierta y creativa que sirvió de punto de encuentro para judíos y musulmanes, además de cristianos. Esta situación se mantuvo hasta la llegada de la Inquisición en 1484. Los autos de fe provocaron tal repugnancia que la Inquisición tardó aún dos años en entrar en funcionamiento en Aragón hasta que en septiembre de 1485 fue asesinado el inquisidor jefe Arbués. Irónicamente, esto aumentó el gusto del público por la carne quemada. La Inquisición prosperó y las llamas se llevaron a muchos cristianos, judíos y musulmanes considerados 'herejes', y Arbués acabó teniendo la consideración de santo objeto de veneración. En los siglos siguientes Zaragoza creció hasta convertirse en la cuarta ciudad de España. De este periodo (los siglos XVI y XVII) datan muchas de las grandes casas de la región. La Universidad de Zaragoza se estableció oficialmente en 1583, agrupando a varias escuelas de arte y teología que llevaban años funcionando. El momento de triunfo de la ciudad se produjo a comienzos del siglo XIX. Bajo el mando de Palafox, la ciudad resistió heroicamente el primer asedio del ejército de Napoleón en la Guerra de la Independencia. Cuando se produjo el segundo asedio, Zaragoza había perdido 50.000 defensores y se vio obligada a emprender una guerra de guerrillas para hostigar a los franceses en lugar de enfrentarse a ellos frente a frente. Zaragoza tuvo que capitular en 1809.

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Zaragoza

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