El centro de Copenhague es pequeño, es una isla rodeada de canales llamada Slotsholmen, donde se asienta la sede gubernamental de Dinamarca. Fue en este lugar donde el obispo Absalón construyó en 1167 una pequeña fortaleza en el interior del pueblo portuario para intentar sofocar los constantes ataques de los pueblos bárbaros en la costa este de Zealand, asentando así los cimientos de la futura capital de Dinamarca. La fortaleza alimentó la autoestima del pueblo, provocando un crecimiento notable y la adopción del nombre Komandshavn (Puerto de Mercaderes) que pasó a apodarse finalmente Kobenhavn.
En 1369, las fortificaciones construidas por el obispo fueron devastadas durante un ataque de saqueadores que venían del norte de Alemania. Siete años más tarde, se empezó a trabajar para levantar una nueva estructura defensiva, el castillo de Copenhague. El destino de la ciudad como capital de Dinamarca se vio truncado en 1416 cuando el monarca vigente, el rey Eric de Pomerania, se trasladó a los fuertes cuarteles de su nuevo castillo. Los grandes edificios de estilo renacentista como la Rundetarn (la Torre Redonda, erigida como observatorio y aún hoy usada puntualmente como tal) y la Borsen, sede de la Bolsa de Dinamarca, fueron añadidas en la segunda mitad del siglo XVII por el estéticamente imparcial soberano Christian IV.
La urbe creció rápidamente en extensión y en población, y a principios del siglo XVIII albergaba a unos 60.000 habitantes dentro de sus confines. En 1711 aproximadamente un tercio de la población murió por la peste bubónica, y por un par de incendios (en 1728 y en 1795) que redujeron a cenizas grandes áreas de la ciudad y sus edificios de madera. Como remate final, en 1807, en plenas Guerras Napoleónicas, el almirante británico Horacio Nelson decidió que ya se había cansado de que Dinamarca se aprovechara de los negocios de una guerra que no era la suya y al saber que los daneses estaban considerando poner su flota naval a disposición de Napoleón, ordenó un salvaje bombardeo de la ciudad. Casi toda Copenhague ardió en llamas (una vez más) y los británicos pusieron la guinda confiscando la flota nacional al completo.
Décadas más tarde, Copenhague desvió la atención puesta en las atrocidades de la guerra y se concentró en la revolución cultural que estaba dando pinceladas, garabatos y filosofías varias a su manera a lo largo y ancho de todo el país. El filósofo Soren Kierkegaard, el escritor Hans Christian Andersen, el teólogo Nikolaj Frederik Severin Grundtvig, y Christoffer Wilhelm Eckersberg, fundador de la Escuela Danesa de Arte, contribuyeron en su artística poca Dorada. La capital se benefició físicamente de la revolución gracias a las grandiosas estatuas neoclásicas hechas durante esta época por el escultor Bertel Thorvaldsen.
En 1849, Dinamarca que pasó a ser un país democrático, empezó un prolongado, merecido y apacible período de desarrollo económico, sin tener en cuenta el contratiempo político ocurrido en 1864 cuando Prusia llevó a cabo con éxito una efímera guerra en territorio danés. Durante la Primera Guerra Mundial, Dinamarca se las arregló para conservar su posición neutral pero la estratagema no funcionó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis marcharon sobre Copenhague y el resto del país, que permaneció ocupado durante cinco años.
Actualmente, Copenhague progresa como centro cultural y artístico y sigue conservando su paisaje histórico a pesar de unas pocas construcciones punteras. Hasta la fecha, el momento culminante de este nuevo milenio para los daneses ha sido la victoria de los hermanos Olsen del Festival de Eurovisión del 2000, asegurando así la celebración de la gala en 2001 en Copenhague. El detalle lúgubre fue la muerte de la reina Ingrid, la popular matriarca de la familia real, en noviembre de 2000. Otro de los grandes acontecimientos recientes, en julio de 2000, fue la inauguración del impresionante puente-túnel de 16 km que supone el nexo de unión por carretera y ferrocarril entre Copenhague y el puerto sueco de Malmo, y el primer vínculo terrestre directo que une Dinamarca al resto de los países escandinavos. El fallecimiento de la popular matriarca de la familia real, la reina Ingrid, supuso un duro golpe para el país. A finales de 2001, y por primera vez en medio siglo, este país liberal y tolerante votó por un gobierno de derechas con un programa electoral que contemplaba leyes sobre inmigración más severas. Está por ver de qué modo afectará, a largo plazo, este giro político sobre un panorama social conocidamente progresista. Copenhage celebr en mayo de 2004 la boda entre el prncipe Frederik y la australiana Mary Donaldson.
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