Historia recente
En los últimos años, la combinación de la estabilidad del gobierno y la financiación de la UE (agradecidas especialmente en Lisboa tras el enorme incendio de 1.988 que destruyó el distrito de Chiado) han ayudado al rejuvenecimiento de la ciudad. En 1.994, la ciudad volvió a estar en boca de todo el mundo, ya que dicho año recibió la mención de Ciudad Europea de la Cultura. Los siguientes años de espectacular crecimiento económico recibieron el impulso de importantes proyectos de infraestructuras, tales como el Ponte de Vasco da Gama, el puente más largo de Portugal. Entre los programas de remodelación de la ciudad se incluye la restauración de barrios históricos, como por ejemplo la Alfama. Lisboa recibió un impulso adicional gracias a su papel como ciudad anfitriona de la Expo '98. En vistas a preparar la ciudad de cara a la Expo, se amplió el metro, las instalaciones portuarias, aumentó la construcción de hoteles e importantes arquitectos crearon impresionantes monumentos. La Eurocopa de 2.004, disputada en Portugal, permitió a Lisboa mantener este momento de esplendor. Lisboa ha recuperado parte de su orgullo del pasado y, gracias a la vibrante y revitalizada vida urbana y los planes de inmensos proyectos de infraestructura permiten mirar al futuro con grandes esperanzas dentro del marco de Europa.
Sin embargo, en el aspecto económico la ciudad no ha conseguido remontar el vuelo, presentando las tasas de desempleo más altas desde la entrada en 1.986 de Portugal en la UE, a fecha de febrero de 2006. El nuevo presidente Aníbal Cavaco, elegido en enero de 2006, ha prometido hacer frente a estos problemas y, dado que antes de desempeñar su cargo político era economista, se espera que sea el catalizador que provoque el cambio económico que tanto ansía y necesita el país
Historia moderna A principios del siglo 20, durante un periodo de 16 años se produjeron 45 cambios en el gobierno, y el golpe de estado de 1.926 fue testigo del salto de António de Oliveira Salazar a la escena política portuguesa. Con un rápido ascenso desde ministro de economía hasta primer ministro, condujo el destino político de Portugal durante 36 años, encabezando un régimen autoritario que se extendió hasta 1.976. Durante este periodo estuvieron prohibidos tanto los partidos políticos como las huelgas. La censura, la propaganda y la fuerza bruta, de la que era fiel ejemplo el temido servicio secreto de la policía, mantuvo al país en un terrorífico estado de orden. La revolución de 1.974, en respuesta a la continua e impopular supresión militar de las colonias portuguesas, fue el inicio de un lento camino que condujo a la democracia. Todas estas turbulencias políticas se tornaron de forma gradual en estabilidad, teniendo su punto álgido en la incorporación a la Unión Europea en 1.986. Gracias al apoyo de la UE y la necesaria inyección económica, Lisboa (y, por extensión, Portugal) comenzó a remontar el vuelo y abandonar el deprimido estilo de vida y aspecto que reinó durante la época de Salazar.
Historia pre Siglo XX
Lisboa data data de tiempos prerromanos, y la leyenda dice que Ulises fue el fundador de la ciudad, aunque probablemente los verdaderos fundadores fueron los Fenicios. En sus principios fue un constante campo de batalla, donde Fenicios, Griegos y Cartagineses ocuparon el poder sucesivamente. En el año 205 a.c. los Romanos comenzaron su reinado de 200 años en Lisboa, convirtiéndose en la ciudad más importante de la región Ibérica occidental. Julio César cambió el nombre de la ciudad a Felicitas Julia.
En el año 714 los poderosos Moros llegaron de Marruecos, sustituyendo una sucesión de tribus del norte. Fortificaron la ciudad y resistieron las incursiones de los Cristianos durante un impresionante periodo de 400 años. Finalmente, en 1.147, el signo de la batalla cambió y los Cristianos finalmente volvieron a conquistar Lisboa (la reconquista de todo Portugal llevó a los Cristianos otro siglo más). A mediados del siglo 13, Lisboa sustituyó a Coimbra como capital de Portugal, experimentando un rápido crecimiento gracias al aumento de comercio tanto marítimo como terrestre.
El siglo 15 trajo la Era de los Descubrimientos, era dorada de la exploración marina por parte de Portugal. No satisfecho con expulsar a los Moros de suelo Portugués, el Príncipe Henrique (Enrique el Navegador) decidió saquear la potencia económica del Islam a intentando buscar una ruta marítima. Puso manos a la obra a los mejores marineros, cartógrafos, constructores navales y astrónomos que pudo localizar. En 1.434 uno de sus barcos zarpó con la intención de sobrepasar el temido Cabo Bojador de la costa oeste africana, desmoronando de este modo la superstición marítima de que éste era el fin del mundo. El Príncipe recibió como recompensa oro y esclavos del oeste de África. 1.497 asistió al famoso descubrimiento por parte de Vasco da Gama de la ruta marítima hacia India. La riqueza derivada de estas expediciones transformó Lisboa, convirtiéndola en la opulenta base de operaciones de un vasto imperio. Fue también el origen del extravagante estilo arquitectónico Manuelino, siendo el Mosteiro dos Jerónimos de Belém el edificio más representativo de este estilo.
Sin embargo, los días de gloria de Lisboa como el centro de comercio más próspero del mundo pronto finalizaron. El coste que suponían las expediciones, mantener imperios de ultramar e intentar cristianizar Marruecos doblegaron el poder de Portugal. En 1.580 tuvo lugar un suceso que hizo mella en el orgullo nacional: Felipe II de España reclamó el trono. Los nacionalistas, cansados de la situación, tardaron 60 años en derrotar a su tradicional enemigo y devolver Portugal a sus gentes. A finales del siglo 17 el signo cambió para bien, dado que el descubrimiento de oro en Brasil permitió que Lisboa disfrutara de otro periodo de derroche. Sin embargo, la historia se repitió, y esta época de extravagancia no se dilató durante demasiado tiempo. En 1.755 un impresionante terremoto redujo la ciudad a escombros, y Lisboa nunca recuperó su poder y prestigio. Tras la ocupación durante cuatro años por parte de Napoleón, Lisboa, al igual que el resto del país, se vio sumida en el caos político e insurrecciones militares durante más de un siglo.
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