Historia recente
En los últimos años se ha producido un despertar artístico y cultural, la restauración del casco antiguo y la mejora del transporte público, así como de las viviendas de protección oficial. Lamentablemente, el 11 de marzo de 2004, la ciudad se vio sacudida por las bombas de terroristas que explotaron en los trenes de Cercanías. Murieron 192 personas.
A pesar de este atentado y de que continúan los problemas, Madrid sigue siendo una ciudad extraordinariamente vital con un magnífico ambiente.
Historia moderna En las primeras décadas del s. XX se produjeron mejoras en la capital, como la electrificación de las líneas de tranvía, la creación de la Gran Vía y la inauguración del metro. La migración interior provocó que se duplicara la población, pasando del medio millón de habitantes en 1900 a casi un millón en 1931. Con una carestía crónica de la vivienda, la política madrileña se radicalizó. Se reforzaron la oposición a la corona y los llamamientos a una reforma constitucional, encabezados por los socialistas a través del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la Unión General de Trabajadores (UGT). En 1931, Alfonso XIII se vio obligado a poner fin a una dictadura militar de seis años; las posteriores elecciones municipales dieron la victoria a una coalición de republicanos y socialistas. Al cabo de tres días se proclamó la II República. Se introdujo el sufragio universal, Alfonso XIII huyó del país y Madrid fue reconocida oficialmente como capital del Estado español. Sin embargo, la alegría se desvaneció de inmediato debido a las luchas entre los partidos, los llamamientos a la revolución, las huelgas que paralizaron toda actividad y la sangrienta represión de una revuelta de mineros a cargo de las tropas dirigidas por el general Francisco Franco. Estos acontecimientos provocaron una peligrosa división del país entre izquierda y derecha. La situación alcanzó su punto álgido cuando el Frente Nacional perdió las elecciones de febrero de 1936 ante el Frente Popular. En julio de ese mismo año se iniciaron tres años de una sangrienta guerra civil con la rebelión de unas guarniciones en el norte de África bajo la dirección de Franco. Madrid resistió a los nacionales hasta su rendición en marzo de 1939, tras unos cruentos enfrentamientos en la zona noroeste de la ciudad. El general, victorioso, se instaló en Madrid, trayendo consigo décadas de pobreza, represión y una superpoblación crónica. Los problemas económicos disminuyeron en los años sesenta gracias al incremento de la inversión extranjera, pero el descontento aumentaba. Franco falleció en 1975 tras haber nombrado a Juan Carlos, nieto de Alfonso XIII, como su sucesor. Con el rey Juan Carlos en el trono, España efectuó la transición de la dictadura a la democracia con el nombramiento de un gobierno conservador moderado. Se legalizaron los partidos de la oposición y los sindicatos, y se redactó una nueva Constitución. Las primeras elecciones municipales libres en Madrid se celebraron en 1979 y, desde entonces, el poder se lo han repartido la izquierda y el centroderecha.
Historia pre Siglo XX
Aunque se afirma con frecuencia que fue fundada por los romanos, lo más probable es que Madrid fuera una guarnición musulmana en sus orígenes. Se suele afirmar que, en 854, el emir de Córdoba mandó edificar una fortaleza donde más tarde se ubicaría Madrid. Conocida como Magerit, formaba parte de un cinturón de castillos que se extendía a lo largo de la frontera entre Al-Andalus en el sur y los reinos cristianos del norte.
El período musulmán finalizó en 1085, cuando la hegemonía sobre la región pasó a manos del rey Alfonso VI de Castilla. Aunque se cree que por entonces su población rondaba las doce mil personas, la ciudad conservó un carácter periférico. El poder municipal se concentraba en un reducido número de familias locales que lograron conservar su posición cuando, en 1348, los gobernadores nombrados por el monarca intentaron controlar el territorio.
Mientras Madrid quedaba al margen de los acontecimientos, Isabel y Fernando unieron las coronas castellana y aragonesa en 1474. Granada, último reducto musulmán en la Península, cayó en 1492; y, ese mismo año, Colón inició el periplo que traería al territorio español una riqueza incalculable. Carlos l, nieto de Isabel y Fernando, fue proclamado monarca de España y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, gobernando así sobre unos territorios que se extendían desde Austria hasta los Países Bajos y desde España hasta las colonias americanas.
Felipe II, hijo y sucesor de Carlos V, decretó que la villa de Madrid fuera sede permanente de la corte real en 1561. Poco desarrollada, ofrecía un vasto espacio para su expansión, como correspondía a la capital de un imperio. Pero Toledo, su rival más evidente, guardaría memoria del agravio. Preocupado por los asuntos del Imperio, Felipe desatendió a su nueva capital, que siguió siendo una pesadilla medieval para sus 25.000 habitantes. Durante el siglo siguiente, España se arruinó, sumida en una sucesión de guerras y con una enorme inflación provocada por el saqueo de sus tesoros coloniales. Los dirigentes del país se refugiaron en la capital, creando un mundo de fantasía repleto de suntuosos palacios e iglesias. Pero la miseria, en la que estaba sumida la mayoría de la población, convertía en burla tamaño esplendor. Madrid pasó a ser una urbe de inmigrantes, con un fuerte crecimiento de población que alcanzó los 650.000 habitantes en 1656; sin embargo, tales cifras sólo se debían a la presencia de la corte.
La España de los Habsburgo tuvo un triste final en 1700 con la muerte del enfermizo Carlos II. Una serie de gobernantes reformistas dieron al traste con los intentos de una reforma agraria y el país siguió siendo en gran medida una nación pobre dirigida por una corte manirrota. El escenario estaba a punto para sufrir los últimos reveses: la derrota frente al Reino Unido en la épica batalla de Trafalgar en 1805, la pérdida de sus colonias americanas, la ocupación napoleónica y la consiguiente guerra de Independencia en la Península, iniciada por el pueblo madrileño, que dejaría a la ciudad exhausta y hambrienta.
La sociedad de Madrid del s. XIX siguió dominada por la aristocracia de terratenientes, mientras las clases más humildes sobrevivían en barriadas de casas de una sola planta y la cuarta parte de la población servía en las mansiones. A partir de 1837 surgió una pujante clase media, cuando el gobierno expropió los dominios de la Iglesia. Se calcula que, únicamente durante las primeras cuatro décadas del s. XIX, alrededor de mil seiscientas propiedades eclesiásticas fueron destruidas en la capital, lo que permitió a la nueva burguesía apropiarse del botín y, más tarde, a los historiadores del arte lamentar las pérdidas. Gracias a la inyección de capital extranjero (en su mayoría francés), las condiciones de vida mejoraron con la pavimentación de las calles, la iluminación de gas, la depuración de las aguas y la recogida de basura.
A nivel político, la situación seguía siendo caótica, con alternancia de golpes de Estado entre las facciones liberal y conservadora del ejército, seguida de la breve República de 1873 y la restauración de la monarquía borbónica en 1875. España despidió el siglo con la derrota de su armada y la pérdida de sus últimas colonias de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) frente a Estados Unidos.
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