RECORRIDO 1: Costas, Ríos y Lagos En Trinidad, como en casi todas las ciudades de la isla, uno puede broncearse y tomar baños de mar. No va a faltar nunca ese sol del trópico, una buena franja de arena y unas aguas que son conocidas por su quietud y su transparencia. Pero, además de esas ventajas que comparte con otras ciudades, Trinidad puede ser un sitio muy atractivo para aquellos que prefieran los paseos en bote por ríos y lagunas, los baños en saltos de agua y la pesca en embalses o zonas costeras.
Si lo que uno busca son playas, muy cerca de esta ciudad puede encontrar una península con más de 4 kilómetros de arenas finas y aguas poco profundas, donde se ofrece alojamientos en dos hoteles, el Ancón y el Costa Sur. Además de los restaurantes especializados, las cafeterías y los centros nocturnos que existen en estas instalaciones, tanto en la playa Ancón como en María Aguilar, es posible practicar deportes náuticos y bucear, a pocos metros de la costa, en una barrera coralina en la que abundan gorgonias, abanicos de mar, quelonios y peces tropicales. Casi en el extremo de la península hay tambien una base náutica de la cadena Marinas Puertosol, donde se ofrecen, entre otros servicios, seafaris, implementos y embarcaciones para distintos tipos de pesca, inmersiones en barcos hundidos y excursiones a la cayería sur.
Al oeste de Trinidad, en la desembocadura del río Guaurabo, hay otra playa, que, aunque no es tan frecuentada como las de la península de Ancón, queda a sólo 3 kilómetros de la ciudad. La Boca puede ser una buena opción, sobre todo, para los que busquen sitios más económicos, ya que casi todas sus instalaciones ofrecen servicios en pesos cubanos.
Como los ríos de las inmediaciones de Trinidad nacen y recorren una buena parte de su curso por las alturas del Escambray, en ellos lo mismo uno puede encontrar saltos de agua de más de 60 metros de altura, que pocetas interiores y márgenes donde crecen bosques tropicales. Con algunas indicaciones de los que viven en la zona, los más aventureros pueden llegar a parajes poco explorados, pero tambien existen opciones para los que prefieran las rutas conocidas. En Topes de Collantes se puede visitar, con guía o siguiendo los senderos marcados, los saltos del Caburní, El Rocío y Vega Grande, y cuevas como la de la Batata, donde un río subterráneo ha formado varias pocetas. Navegando por el Guaurabo, muy cerca de Trinidad, uno puede seguir la ruta de Velázquez, y pasar por la Finca de Recreo María Dolores y el Ranchón El Cubano. En el río Manatí es posible practicar la caza y hospedarse en la Hacienda El Taje, y en otros más alejados como el Hotel Zaza, hay embalses donde se puede pescar e instalaciones hoteleras que ofrecen servicios a precios económicos.
En la costa sur, lo mismo cerca de Trinidad que a lo largo de la provincia de Sancti Spíritus, hay zonas como La Boca, Punta de Manatí, Punta de Higuanojo, Zaza y Pasabanao, donde se puede practicar la pesca a fondo y al "trolling". Para el alquiler de las embarcaciones, los implementos o el atraque -en el caso de aquellos que vengan en sus propios yates-, lo mejor es ir a la Marina Puertosol que está en la península de Ancón.
Los seafaris que se ofrecen en Trinidad a veces son por mar abierto, pero tambien es posible navegar hasta Cayo Blanco o Cayo Macho de Afuera, y practicar el snorkeling en barreras coralinas, o tomar baños de mar en playas donde sólo van a estar los que viajaron con uno en la excursión. En estos cayos, completamente deshabitados, abundan distintos tipos de mangles, reptiles, jutías y las aves que frecuentan las costas del trópico: flamencos, gaviotas, pelícanos.
RECORRIDO 2: De Compras en Trinidad A pesar de la modernidad con que se arriba al nuevo siglo, Trinidad es una ciudad que continúa respirando su antiguo aire de villorio. Es quizás por ello que los viajeros no se resisten a su encanto, a ese algo que persiste en sus antiguas edificaciones, en sus plazuelas, en sus calles empedradas y aún en sus comercios. Ir de compras por Trinidad, es tambien un poco, conocer su historia, sumergirse en la magia de la isla. Al recorrer su peculiar laberinto de callejas coloniales, no tardará en tropezar con alguno de sus mercados callejeros, esos que los trinitarios conocen como "candongas". Los mercados artesanales de la Esquina Real del Jigüe y el de la calle Pablo Pis, son los más frecuentados. Allí flotan las sábanas de lienzo, blanquísimas en sus filigranas de hilo, tintinean amuletos de semilla con los colores del orisha, se aspira el olor de los cueros repujados y encanta la musicalidad de los pregones. Los vendedores se le adelantan al paso mostrando lo mejor de sus artesanías, tal como lo hicieran sus antepasados en el puerto de Casilda, al arribo de los buques del contrabando. En cada museo, en cada plaza, en cada sitio de interes turístico siempre notará una suerte de bazar, donde los souvenirs se aprietan unos contra otros. Allí encontrará artesanías manufacturadas o de fabricación industrial: postales, guías de turismo, piezas de cerámica o camisetas con el sol de Cuba a la espalda y vistas de la ciudad impresas...La sede de estas dependencias radica en la Casa Artex, una mansión colonial situada en la calle Lino Perez. Las tiendas Caracol son menos frecuentes y se ubican generalmente en hoteles o en lugares de obligada visita por su interes histórico o cultural; tales son La Canchánchara o la Cochera del Brunet. En estos establecimientos además de souvenirs y artesanías, existen otros departamentos destinados a la venta de prendas de vestir, artículos de tocador, joyería y perfumería. Si de arte se trata, puede visitar la Casa-venta Amelia Peláez, la Galería de la Plaza Santa Ana, o la tienda del Museo de Arqueología. Allí hallará lo mejor de la plástica regional, obras que se apartan de lo puramente comercial para intentar la trascendencia que obsesiona al artista. Si usted es de los que prefiere meterse en el taller del creador, husmear entre piezas a medio terminar, descubrir lo que aún no ha sido expuesto o llevarse alguna exclusividad, entonces pase por el taller de Coqui Santander. Hallará a una joven con las manos untadas de barro y esmaltes, y seguro no encontrará otra que acaricie la arcilla con tanta maestría y amor. Cuenta la historia que en 1513 cuando Diego Velázquez, el conquistador, arribó por la desembocadura del Guarabo halló numerosas tribus de aborígenes ceramistas, y es que esta región es muy rica en arcillas naturales de gran calidad. Por ello la alfarería y la cerámica constituyen dos de los más nobles oficios desarrollados en la villa. Cuenta el etnólogo cubano Don Fernando Ortiz que la historia de cada región de Cuba es resultado del infinito contrapunteo del azúcar y el tabaco, Trinidad no escapa a este influjo. Fue esta una ciudad que sustentó su riqueza sobre la base de la producción azucarera, y no muy lejos se localiza, una de las zonas donde se cultiva una de las mejores hojas de tabaco. Los dos productos se dan cita en la Casa del Ron y del Tabaco. Allí encontrará todas las variedades de puros comercializadas por Habanos; el Havana Club, el Caney (antiguo Bacardí), Matusalen y otros muchos rones. Hay otra dependencia situada en San Procopio esquina Jesús María y la tienda de rones de la Galería Universo. Queda algo que es lo mejor de esta tierra, una isla iluminada por la poesía y por la música: La trova, que tiene honda tradición en cada uno de los rincones trinitarios, y a esta se le suman otros tantos ritmos que podrá escuchar y llevarse en Cds si se llega por las tiendas de la Casa de la Trova o la Casa de la Música. Sólo entonces podrá marcharse con la certeza de que visitó una ciudad que conserva, como pocas, aquella gracia primigenia de las colonias del Nuevo Mundo.
RECORRIDO 3: Paseo Histórico
Cuando llegue a Trinidad tendrá la sensación de haberse detenido en el tiempo; en la era colonial de callecitas empedradas y casas con enormes ventanas y faroles en sus puertas. Un buen punto de partida es la Plaza Mayor tambien llamada Antigua Plaza de Trinidad, que se encuentra rodeada de bellas mansiones coloniales, todas ellas restauradas que pertenecieron a los "barones del azúcar" que habitaron la región y hoy han sido convertidas en museos de gran interes histórico y arquitectónico. Una de ellas es el Palacio Brunet, hoy Museo Romántico, que presenta una colección interesante demuebles, pinturas y objetos coloniales, que fueron propiedad de familias aristocráticas trinitarias.
El Museo Arqueológico que fue la antigua mansión Padrón, y donde se hospedó el científico alemán Alexander Humboldt en su visita a la isla, presenta una colección de objetos y artefactos utlizados por los primeros habitantes de la región: Siboneys y Tainos. El Museo de Arquitectura exhibe interesantes galerías que representan la era de las plantaciones azucareras, las construcciones coloniales y un baño del siglo XIX, muy original en su diseño, y que funcionaba con vapor.
El Museo Histórico Municipal; antiguo Palacio Cantero, recientemente restaurado y decorado con el esplendor del siglo XIX, exhibe bellas pinturas y objetos del periodo colonial. Desde el techo puede apreciarse una magnífica vista de la ciudad y las montañas que forman el Escambray.
La Iglesia de la Santísima Trinidad que domina la Plaza Mayor, fue construida en el siglo XIX y su mayor particularidad es no contar con un reloj en su torre como es común en todas las catedrales. No se pierda la imagen de Jesús hacia el calvario, interesante e inusual figura que representa a Jesucristo en pose de descanso.
En la Avenida Güitart encontramos el antiguo convento de San Francisco que sirve hoy de sede al Museo Nacional de la Lucha contra Bandidos que contiene documentos, fotos y objetos relacionados con la lucha antibatista, despues del triunfo de la Revolución en 1959. Muchos partidarios del antiguo regimen de Batista huyeron hacia las montañas del Escambray y desde allí organizaban sus ataques. Tambien pueden verse armas, botes y equipos de comunicación. Desde su terraza se obtiene una vista de impresionante belleza de toda la ciudad, donde sobresalen los tejados de barro estilo colonial y las montañas circundantes. Otra construcción de interes es la antigua casa del Corregidor de Trinidad que funciona hoy como galería de arte contemporáneo y contiene una colección realizada por artistas locales y de los alrededores. Bajando por la misma Avenida Güitart llegará a la Plaza de Jigüe donde ocurrió la fundación de la ciudad y Fray Bartolome de Las Casas celebró la primera misa de la villa de Trinidad. Este fraile franciscano fue un importante defensor de los derechos de los indígenas de America.
El Parque Martí es centro de encuentro para los trinitarios y es una buena alternativa cuando de pasear se trata. Alrededor del parque pueden apreciarse el Ayuntamiento y el Teatro Principal. Siguiendo hacia el norte llegará a la Plaza de Santa Ana donde encontrará la iglesia del mismo nombre, construida a principios del siglo XVIII y un complejo turístico frente a la plaza en el edificio de la antigua cárcel, donde hallará un restaurante, bar y algunas tiendas de artesanías.
La Ermita de la Popa, ahora en ruinas, es la iglesia más antigua de Trinidad y desde allí podrá dirigirse hacia Sancti Spíritus, ciudad aledaña de importancia o hacia el Valle de Los Ingenios donde funcionaron las grandes plantaciones azucareras de la epoca colonial.
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