Restaurantes y bares
¿Que nos mueve a la hora de elegir un restaurante? Nos debatimos entre ir a cenar a un asador o acudir al último japones. Así es la nueva vida gastronómica, igual para grupos de amigos, ejecutivos, jóvenes... ¿Por que? Porque una buena comida es la mejor terapia para olvidarse de los sinsabores y de la rutina cotidiana. Por ello nos embarcamos y nos vamos a comer un día "lo mejor" al Mesón del Coso, que consiste en unos huevos fritos acompañados de jamón iberico y regados con una botella de Enate, en vez de hacernoslos en casa. En sus mesas se sienta lo más florido de la política, el periodismo y hasta los artistas de la obra que se representa en el
Teatro Principal, situado justo enfrente, con su antigua fachada y alegre marquesina.
A traves de la cocina es posible viajar y conocer una cultura. Ya lo dijo Arzak, ese mago del arte culinario, que la cocina debería ser asignatura obligatoria en los colegios. Así, el día que nos levantemos aventureros podemos acudir a
Sakura, para aprender de la exquisitez, del buen gusto japones, y paladear lo que antes degustaron los samurais, junto a la
Ciudad Universitaria. Si te asustan las innovaciones, puedes acercarte hasta El Cachirulo, un restaurante situado en la carretera de Logroño en una señorial casa aragonesa, donde conocerás la cocina con todo su sabor: autenticas migas a la pastora, ternasco con patatas "a lo pobre" y la dulce sangría. De postre, el ruso o la trenza (dulces típicos de Huesca) para los muy golosos. Además, podrás escuchar la jota "que hace llorar a los viejos y alegra a la gente moza, que es oración en la paz y arenga para la guerra".
Si quieres visitar un restaurante de autor, al que acude el Rey Juan Carlos I cuando visita la ciudad a tomar su plato preferido, "el pastel de puerros y gambas", en tu ruta debe figurar
Los Borrachos, en pleno Paseo de Sagasta, que desemboca "hacia abajo" (como se dice en la ciudad) en la Plaza de Aragón y el edificio de Ibercaja, en cuyo interior se encuentra el
Patio de la Infanta, típica construcción plateresca. Si lo sigues "hacia arriba" atravesarás el
Parque Pignatelli y llegarás hasta la Iglesia de San Antonio, de raíces italianas, uno de los edificios más notables de la ciudad.
Si vas con niños, a ellos la pasta les encanta, en ese caso visita
Pizza Nostra. En este restaurante los platos son muy abundantes, con uno y el postre tendrás suficiente. Cerca de este restaurante está la
Puerta del Carmen, donde puedes ver los orificios causados por la artillería francesa durante los Sitios de Zaragoza.
Si nunca has entrado en un restaurante vegetariano visita
La Retama y pide una mesa en el balcón. Allí comprobarás que no se ha estancado la inventiva en la cocina y que es posible confeccionar unos deliciosos platos sin utilizar la carne. Enfrente está la
Iglesia de San Miguel, que se vincula a la reconquista de la ciudad en el 1260. Pero quizás seas de los convencidos de que la cocina española no tiene igual, y te damos la razón, y si te queda alguna duda visita el
Pantxika Orio, un restaurante vasco hasta la medula, con una calidad y un buen hacer fuera de dudas. Y si lo que te mueven son las tartas y dulces, te compensará desplazarte unos kilómetros hasta La Puebla de Alfiden, donde el placer es total con los helados y tartas al gusto español en el restaurante
Galatea. Despues puedes visitar su interesante iglesia mudejar.
Si amas los sitios con historia, ¡no lo dudes! La
Posada de las Almas, fundada en 1705 merite una visita. Aún más, en Montal encontrarás hasta un claustro del siglo XVI, obras de arte y, por supuesto, una excelente comida.
Si prefieres algo moderno, atraviesa el umbral del
Boston. Los restaurantes de este ultramoderno hotel ofrecen una cocina digna del siglo XXI. En el piso superior ofrecen un menú muy persuasivo. El restaurante a la carta está situado en la zona inferior, que se abre a un patio hasta donde descienden los ascensores, semejantes a jaulas de cristal. Practican una cocina internacional por aquello de complacer a su variada clientela: ensaladas de exquisito aliño, platos de pasta con mezclas imaginativas y arroces presentados de mil maneras. ¡Recuerda! Zaragoza, bien vale una visita gastronómica.
Zaragoza es además una de las ciudades más "marchosas". Si despues de disfrutar de sus encantos artistico-monumentales y gastronómicos, quieres vivir la noche a tope, cuentas con unas cuantas zonas que no te defraudarán, como la del casco antiguo o las varias áreas de la zona centro, como la muy joven y popular de Moncasi, la más cara y selecta de Francisco Vitoria y alrededores, la zona próxima a la Universidad, articulada en torno a la calle Bretón, o el ambiente especialmente informal, barato y alternativo del barrio de la Magdalena, tambien en el casco antiguo, pero separada de la primera por la calle Don Jaime I. En la primera tienes a primera hora locales para "calentar motores", como el cafe
Vinilo,
The Old Number One o
El Sol (el de la calle Blancas). Y a medida que pasa la noche el ambiente se desplaza hacia otros bares de copas como el
El Fantasma de los Ojos Azules. Y ya bien entrada la madrugada puedes unirte a noctámbulos empedernidos en
La Casa del Loco, el
Aphoteke o el
Fangory, donde puedes baliar hasta el amanecer. Pero si lo que buscas es un ambiente más sosegado, pero sin perder un ápice del buen ambiente que puedes encontar en esta ciudad, es preferible que acudas a
La Republicana, la
Bodeguilla de Santa Cruz. Locales como
Bodegas Almau son ideales para quedar con los amigos por la tarde, o el
Whisky Viejo para tomar copas y charlar con buena música hasta altas horas. Y si vas en pareja y buscas algo más íntimo, date una vuelta por el
Cafe Voltaire o el
Praga.