Vuelta a la isla
Ésta es una de las rutas preferidas por los visitantes de Gran Canaria, para la cual se requiere contar con vehículo propio o de alquiler. Partiendo de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria hacia el sur se llega primero a la ciudad de Telde. Conviene hacer una parada en el Barrio de San Juan y visitar su Iglesia, así como perderse durante un rato por las empedradas callejuelas del altozano de Santa María La Antigua, hoy llamado Barrio de San Francisco.
Siguiendo la ruta por la autopista GC-1 se pasa junto al aeropuerto y se dejan a mano derecha los pueblos de Ingenio, Agüimes y Santa Lucía, quedando a la izquierda el mar. Una vez se accede a la zona turística de playa del Ingles, la parada para contemplar Maspalomas, sus dunas, su faro y la Charca se antoja imprescindible. Casi sin darnos cuenta estamos ya en el bello Puerto de Mogán y, con un empujoncito, nos plantamos en La Aldea de San Nicolás, donde se celebra la popular Fiesta del Charco. Allí, junto a la playa, se puede degustar un excelente pescado fresco.
Por la tarde se reemprende el camino y sorteando las curvas de la carretera y haciendo alguna paradita para contemplar las bellas vistas del Teide al pie de espectaculares acantilados, se llega a la villa marinera de Agaete, un esplendido lugar para contemplar el atardecer junto al paseo de los Poetas. Allí se celebra anualmente la Bajada de la Rama, un acto cargado de simbolismo mágico y religioso pidiendo la lluvia tan escasa en la isla. De allí se emprende el regreso a la capital grancanaria, previa parada para contemplar el Casco Histórico de Gáldar, primera capital prehispánica de la isla, el Cenobio de Valerón y sus silos aborígenes, y la espectacular visión de la Iglesia de Arucas iluminada, con la satisfacción de haber circunvalado un continente en miniatura.
Caminando por Vegueta
El barrio fundacional de Las Palmas de Gran Canaria se presenta ante el visitante con todo el sabor de las ciudades coloniales de America Latina, con bellos y señoriales edificios de piedra, calles adoquinadas, fuentes y balconadas de estilo canario.
Un buen lugar para comenzar es la Plaza de Santa Ana, adornada desde hace decenios por sus imperterritos perros de bronce. Desde allí cualquier opción es buena: La Catedral y sus tesoros artísticos, el Palacio Episcopal, residencia del obispo o las Casas Consistoriales, que en la actualidad siguen siendo sede de una Concejalía de Distrito, pero que mezclan de manera característica funcionalidad e historia.
Unos pasos hacia el mar se encuentra la Casa Museo de Colón. Visitar sus exposiciones o el legado que el viajero genoves dejó para disfrute de los canarios es otra opción celebrada. Allí oró el navegante y tocar sus piedras es sentir ahora toda la emoción vivida hace cinco siglos. Un poco más abajo está el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), donde las muestras del arte más vanguardista se suceden a lo largo del año.
El Museo Canario, que guarda la mejor colección de figurillas y vestigios arqueológicos de las islas, así como las plazoletas y antiguas ermitas del Barrio de Vegueta son otros puntos a visitar en este barrio histórico. Destaca, entre ellas, la plaza del Pilar Viejo y su fuente, donde un merecido descanso espera al caminante. Lo mejor de Vegueta es perderse por sus calles, dejando a un lado el vetusto edificio de la Audiencia y a otro la Iglesia de Santo Domingo. Un sueño.
Para acabar la jornada, apenas cruzando el barranco Guiniguada, se encuentra la calle comercial de la ciudad por excelencia, la Calle Triana. Cualquier artículo de moda o de regalo se puede encontrar en esta vía peatonal adornada por casas de los más variados estilos y balcones que se asoman hacia el visitante como invitándole a subir.
Conociendo el interior
La isla de Gran Canaria no sólo ofrece sol, playas e historia. A medida que uno se adentra en las medianías y cumbres se encuentra con el estallido de la Naturaleza. Subiendo por la carretera del Centro se llega en un momento al residencial barrio de Tafira, quedando a mano derecha el moderno campus universitario. Apenas cinco o seis kilómetros más arriba, la villa de Santa Brígida y, un pasito más y estamos en San Mateo, donde su mercadillo de los domingos se abre ante el visitante con productos típicos (quesos, mojos, frutas del país...) y prendas propias de las islas.
Ya en esas alturas, por carreteras llenas de curvas pero seguras, se llega a la Cruz de Tejeda desde donde se puede contemplar una espectacular visión de todo el macizo central isleño, con el Roque Nublo dominándolo todo. Cuando Miguel de Unamuno se asomó a este paisaje lo llamó La Tempestad petrificada. De Tejeda se baja rápidamente hacia el sur y se pasa por el pequeño pago de Ayacata, desde donde se puede hacer una incursión en la Presa de Chira, un refrescante embalse hoy algo mermado de agua.
De allí, a Santiago de Tunte, Santa Lucía de Tirajana y se emprende, carretera abajo, la ruta hacia la Fortaleza de Ansite, donde se refugiaron los últimos canarios libres del yugo castellano y desde cuyas alturas se lanzaron al vacío para morir libres y no esclavos en un gesto que, aún hoy, se conmemora y celebra en Gran Canaria al grito de Atis Tirma (morir antes que rendirse).
Los escarpados barrancos que embelesan la vista lo conducen a uno al olivarero barrio de Temisas donde se puede hacer una última parada para tomar un cafecito y, desde allí, regresar a la capital grancanaria pasando por Telde (si queda tiempo no hay que dejar de visitar sus playas de arena negra, como la Playa de La Garita o la Playa de Melenara). Ya en la capital, si las ganas lo permiten, las paradas obligada son el Barrio de Vegueta o tomar una copa en el popular Parque de Santa Catalina.
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