Lugares de interés

Las Rutas del Casco Antiguo

Visitar el casco antiguo de una ciudad significa descubrir su verdadero rostro. Es conocer quien es y de dónde viene, dejándose llevar en un viaje a traves del tiempo que nos mostrará los secretos del suelo que pisamos. El casco antiguo de Valencia, o "Ciutat Vella", queda delimitado por el recorrido del tranvía que marca el sendero sobre el que, hasta 1865, estuvieron las murallas de la ciudad. Es aquí donde se encuentra la mayor concentración de monumentos, pertenecientes la mayoría, a la epoca de esplendor que llegó tras la reconquista de Jaime I. Esta concentración permite un cómodo recorrido a pie, atravesando plazas y calles dedicadas a olvidados oficios: Correjería, Bolsería, Cerrajeros, Juristas...

Primer Recorrido: La Zona Catedralicia

Presidiendo el núcleo histórico, se encuentra la Catedral, de estilo gótico primitivo. En ella se esconden reliquias como el Santo Cáliz y tambien, en el Museo de la Catedral, pinturas de Goya y Jacomart, orfebrería de Cellini y cuadros de la Escuela Valenciana de los siglos XV al XVII, entre otras cosas. Tambien vale la pena subir los 207 escalones de su torre-campanario, el Miguelete, para descubrir desde las alturas una panorámica evocadora, mientras los más aplicados cuentan los 300 campanarios que, según Victor Hugo, poseía la ciudad. Junto a la catedral, podemos visitar la Basílica de la Virgen de los Desamparados, patrona de la ciudad.

En una pequeña calle cercana, se conserva el Almudín, antiguo almacen de trigo, convertido hoy en Museo. Y prácticamente bordeando un tramo de la catedral, se sitúa la Plaza de la Almoina, en la que se encuentra el yacimiento arqueológico más importante de la ciudad. Allí se han encontrado restos de culturas tan lejanas como la visigoda. Siguiendo el recorrido hacia el este, tropezamos con la Iglesia de San Esteban, donde cuentan que fue bautizado San Vicente Ferrer y donde el mismísimo Cid casó a sus hijas. A un paso, está la calle del Palau, y en ella observamos el Palacio de los Almirantes de Aragón, y los Baños del Almirante, los únicos baños árabes que quedan en la ciudad. Salimos a la plaza de Nápoles y Sicilia para continuar por la derecha hasta llegar a la plaza de San Vicente Ferrer, donde encontramos la Iglesia de San Juan del Hospital y contemplamos su estilo gótico elegante e inconfundible. Por la calle de las Comedias continuamos la marcha hacia la antigua Universidad, no sin antes detenernos un instante para saludar, desde la calle de la Paz, a la torre de Santa Catalina, a la que divisamos al fondo. Llegamos a la Universidad y frente a ella, el monumental Real Colegio del Patriarca o Iglesia del Corpus Christi. Su claustro está considerado como uno de los más bellos exponentes del renacimiento español. El interior del edificio alberga el denominado Museo del Patriarca, pequeño pero con obras de excelente calidad, al igual que las expuestas en la iglesia y en la Capilla de la Comunión. Tambien son dignos de admirar los tapices flamencos que visten los muros de los laterales de dicha capilla.

Tras esta visita podemos salir por la calle de la Nave y descansar en el pequeño jardín de la Plaza de Alfonso el Magnánimo, reponer fuerzas y reanudar la marcha, puesto que queda todavía mucho por descubrir.

Recorrido 2: Zona de "El Mercat"

Partimos ahora desde la misma Plaza de la Virgen, dejando la catedral a nuestra espalda y siguiendo el itinerario en dirección opuesta al inicio de nuestra anterior ruta. Nos situamos en la calle Serranos y, desde allí, caminamos hasta llegar a la Plaza de Manises, donde se encuentran el Palacio de Batlia y el Palacio del Marques de la Scala. Ambos conforman la actual sede de la Diputación Provincial de Valencia. Pertenecen a los siglos XV y XVI, y ambos fueron declarados Monumento Histórico Artístico Nacional. De aquí llegamos a la no menos palaciega calle de los Caballeros, antiguo barrio aristocrático, cuya prolongación (Calle Quart) termina con el portal compuesto por las Torres de Quart (1441), puerta de la muralla medieval que abría paso hacia la antigua vía que conducía al poblado de Quart de Poblet. Retrocedemos por la calle Quart y, atravesando la calle Bolsería, llegamos a la Plaza del mercado. Allí se encuentran 3 edificios emblemáticos de la ciudad: el Mercado Central, de estilo modernista; la Lonja de Seda construida por los mercaderes valencianos en 1483 como sede de la Contratación y del Consulado del mar, y la Iglesia de los Santos Juanes, cuya bóveda fue, en su epoca, el lienzo sobre el que se creó una de las más grandes pinturas murales del mundo.

Por la Avenida de María Cristina, llegamos a la calle de San Vicente, una de las arterias vitales de la capital levantina. En dirección hacia la catedral de nuevo, pasaremos por la pintoresca Plaza Redonda. Si es domingo, la encontraremos abarrotada de tenderetes y puestos ambulantes de la más diversa índole. Desde allí podemos serpentear por un par de callejuelas y llegar hasta la Plaza de la Reina. Una vez en esta acogedora plaza, tenemos varias opciones: recorrer la ciudad en carruaje, a la antigua usanza, o quedarnos en alguna de las cafeterías, terrazas o chocolaterías que rodean la plaza. Otra opción, más bucólica, consiste en sentarse en un banco del jardín central de la plaza y contemplar, mientras damos de comer a las palomas, como se miran el Miguelete y la barroquísima torre de Santa Catalina, los novios más famosos de la ciudad.

La Ruta Marinera

Cualquier epoca del año es buena para recorrer las playas de la ciudad, si bien es cierto que, en cuanto aprieta el calor, la zona marítima se tiñe de un color especial y se llena de vida. Desde la playa de las Arenas hasta Alboraia, pasando por la Malvarrosa, cualquier rincón muestra el carácter marinero de esta tierra con todo lo bueno que ello conlleva: el sol, el mar, la diversión, la buena comida y esa luz especial que se plasma en los cuadros de Sorolla. El acceso es fácil y rápido, apenas 10 minutos en uno de los muchos autobuses que componen la flota urbana de la EMT. Tambien podemos ir cómodamente en bici por el carril correspondiente, viajar en el tranvía, en coche o, incluso, dando un paseo.

Junto a las playas de las Arenas y la Malvarrosa, se encuentra el Paseo Marítimo, ahora convertido en una de las zonas de ocio por excelencia, en la que diariamente se encuentra el bullicio de gentes paseando, patinando, haciendo deporte o degustando las especialidades marineras de restaurantes populares que, tras casi un siglo de tradición, han renovado sus formas sin variar un ápice los sabrosos contenidos de sus cocinas. Buenos ejemplos son L'Estimat y su arroz a banda, sus guisos de pescado y sus chipirones y salmonetes, las paellas marineras de La Marcelina, el arroz negro de La Pepica o el arroz marinero del cabañal que preparan sabiamente en La Rosa.

Despues de una buena comida, todavía se puede rematar con una buena horchata, acercándonos a Alboraia, o quedarnos en Las Arenas o La Malvarrosa, tomando la fresca en una de las muchas terracitas, heladerías y horchaterías del Paseo Marítimo. Tambien hay opciones para los que buscan encontrarse con la historia y la cultura por allá donde se encuentran. Por ejemplo, se puede visitar la Casa Museo de Blasco Ibáñez: el chalet reconstruido del insigne escritor valenciano. En ella descubriremos sus recuerdos, objetos personales y una amplia muestra de sus obras literarias.

Cuando cae la noche, todo cambia. Entran en escena la música y el color vibrante de las noches valencianas. Terrazas, bares de copas y nuevos locales que han venido a unirse a los que ya existían en el Puerto. Los hay para todos los gustos: tranquilos, como Vivir sin Dormir, salseros como Casablanca o en plan discoteca como Acuarela Playa o Caballito de Mar.

Todo un recorrido, diurno y nocturno, que cubre las apetencias de ocio y diversión de todo tipo de visitante, los que buscan el sol y los que buscan la luna de Valencia.

Un paseo por el Antiguo Cauce del Turia

El Antiguo Cauce del río Turia se ha convertido en los últimos años, en una de las zonas más emblemáticas de la ciudad. Valencia, ha invertido mucho esfuerzo en conseguir el nuevo aspecto que presenta, especialmente, el tramo que va desde el Puente de Calatrava hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

El cauce separa de alguna manera el núcleo urbano del resto de la capital levantina, pero, a la vez, es el enlace entre la Valencia histórica y la Valencia futurista. A traves de el, se van alternando, tradición y modernidad en una simbiosis perfecta que no es más que el reflejo del carácter de las gentes que habitan estas tierras.

El tramo mencionado anteriormente, puede constituir una interesante ruta para el viajero que desea recorrer en tiempo record, el pasado y el futuro de una ciudad. El itinerario puede durar una escasa media hora, dependiendo del paso, y se puede comenzar desde el Puente de Calatrava, más conocido como La Peineta. Desde arriba se observa el Puente situado entre el antiguo Convento de Santo Domingo, hoy el edificio del Gobierno Militar, en un extremo, mientras que el otro extremo queda delimitado por el Paseo de la Alameda.

Desde la Peineta descendemos al cauce y nos encontramos con un jardín frondoso que apacigua los ruidos de la ciudad y calma hasta las mentes más inquietas. Toda la zona está habilitada para el disfrute de contribuyentes y turistas. Aquí se observa toda una tipología de ciudadanos que diariamente conforman el paisaje del cauce: el que va haciendo deporte, algún ciclista, la universitaria con sus libros y su estilo hippie, el señor del periódico con su perro, la parejita en el cesped, el grupito de tai chi, los atolondrados del monopatín, los niños merendando, las madres cotilleando....; según la hora del día, nos encontraremos más con unos que con otros.

Así, caminando, atravesamos el Puente del Mar, luego el Puente de Aragón (muy transitado), y llegamos a la zona del Palau de la Música. Si tenemos suerte, podremos contemplar cómo las aguas de las fuentes del estanque siguen el ritmo de la música que sale desde sus instalaciones. Si es de noche, el espectáculo adquiere entonces mayor atractivo, porque se llena de colorido.

Dejando atrás el Palau, atravesamos un nuevo puente. Éste nos traerá suerte, porque es el Puente del Ángel Custodio. El puente de celestial nombre, nos abre las puertas al Parque Infantil de Gulliver. Una inmensa figura del famoso personaje Gulliver, llena de recovecos y toboganes por los que se lanzan los niños (y algún que otro no tan niño) a grito pelado. Aquí somos todos liliputienses. Y así continuamos sintiendonos cuando, siguiendo nuestro recorrido por el cauce, contemplamos la espectacularidad de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Hemos atravesado el pasado, el presente y nos encontramos ante el futuro. Esa es exactamente la sensación que uno siente cuando ve el Palacio de las Artes, L'Hemisfèric y, más adelante, lo que pronto será el Parque Oceanográfico, una ciudad submarina de 80.000 m2. Si nos quedan fuerzas, podemos subir, por el último puente hacia la superficie y acercarnos al Centro Comercial El Saler, que queda a un paso, y reponer las energías de nuevo.Wcities

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