El nombre de la ciudad está asociado a historiadores griegos que la llamaron Helmantike, Hermándica o Salamántica. Alfonso X el Sabio fue quien por primera vez la llamó Salamanca. Su origen se remonta a un castro iberico en el cerro de San Vicente, de cuya herencia se conserva el Verraco Prerromano. De sus pobladores, los Vacceos, destaca la valentía que mostraron sus mujeres ante el asedio del general cartagines Aníbal en el 220 a.C.
Época romana
Salamanca perteneció a Lusitania. Sobre un acantilado del río Tormes se construyó la acrópolis romana. Hoy se conservan algunos restos de la muralla y el puente Romano por el que atravesaba la Ruta de la Plata, una calzada romana que unía Merida con Astorga.
Los árabes
Salamanca se entregó a los musulmanes en el año 712. Se reforzó la muralla defensiva, relegando fuera de ella a la población mozárabe, y se asientan en torno al alcázar hispanorromano. Fue un periodo de constantes luchas con los reyes astur-leoneses. La ciudad quedó convertida en "tierra de nadie."
La repoblación
En el año 1102 Alfonso VI encarga repoblar Salamanca a su yerno el conde Ramón de Borgoña y a su esposa Urraca de Castilla. Llegaron diferentes "pueblas" que se agruparon en torno a diversas iglesias. Así, los portugaleses se quedaron en las de Santo Tomás Cantuariense, San Cristóbal y Sancti Spiritus; los torenses en la iglesia de San Julián y la de San Martín; los mozárabes en la de Santiago y los castellanos en las de San Juan Bautista de Barbalos y Santa María de los Caballeros. La parroquia que regentaban los infantes de Castilla era San Marcos. Destacaba sobre todas ellas Santa María de la Sede, luego llamada Catedral Vieja.
Siglos XIII-XV
En 1218 se produce un importante evento que cambiaría la vida de la ciudad, la creación del Estudio General o Universidad, por Alfonso IX, que gozó de renombre europeo por el número de cátedras y por el prestigio de sus enseñanzas. Como consecuencia, se construyeron cuatro colegios mayores, como el Colegio del Arzobispo Fonseca, y 28 menores.
Finalizando la Edad Media, la vida de la ciudad se vio ensombrecida por la luchas de bandos rivales, acabando en un trágico desenlace: la matanza de los hermanos Monroy a manos de los Manzano. El asesinato no quedó sin castigo, pues su madre, Doña María la Brava, no cesó hasta que puso la cabeza de estos sobre la tumba de sus hijos. La tregua la impuso San Juan de Sahagún en 1476. De finales de la Edad Media se conservan torreones defensivos, como la Torre del Aire y la Torre del Clavero.
Siglos XVI-XVIII
Con el Renacimiento la ciudad gozó de un periodo de esplendor, y es en el estilo Plateresco, con la fachada de la Universidad al frente y numerosos palacios y casonas como el Palacio de Monterrey y la Casa de las Muertes, donde Salamanca tiene su máximo exponente. Son monumentos construidos con piedra de Villamayor, que da esos atardeceres dorados de los que Unamuno dejó constancia: "...plateresco rosal de otoño, con su encendida amarillez en la tarde del Renacimiento de la hojas...".
Tambien las letras viven su Siglo de Oro en Salamanca: Francisco de Vitoria, Nebrija y su primera Gramática, Fray Luis de León, Fernado de Rojas y su universal La Celestina -ambientada en el huerto de Calixto y Melibea-, Cervantes, y tantos escritores que por Salamanca pasaron y la inmortalizaron.
El siglo XVII, a partir del reinado de Felipe III, acusó un declive. Los estudiantes se dedicaban más a la bohemia y a la picaresca que al estudio, la enseñanza se hizo más conservadora, el arte se refugió en el Barroco, teniendo su máximo exponente en la Iglesia del Espíritu Santo o Clerecía. Al finalizar el siglo XVIII volvió el esplendor de las artes de manos de Joaquín y Alberto de Churriguera y de García de Quiñones; buena prueba de ello es la magnífica Plaza Mayor.
Siglos XIX y XX
La Guerra de la Independencia (1808-1812), tambien llamada "la francesada," y las desamortizaciones eclesiásticas fueron catastróficas para Salamanca, ya que arruinaron gran parte del legado artístico-cultural. La Universidad adquirió un marcado carácter provinciano y a punto estuvo de desaparecer, tan sólo volvió a tomar relevancia internacional con don Miguel de Unamuno.
Despues de la Guerra Civil la ciudad inició un proyecto de urbanización global concebido por Víctor D´Ors, abarcando las orillas del Tormes y continuando por la Gran Vía, como arteria norte-sur. En esta zona se instalaron oficinas municipales y provinciales, se reconstruyeron algunos monumentos utilizando motivos ornamentales neoplaterescos o neobarrocos, y teniendo como base la piedra de Villamayor.
Hoy, como ayer, pasan por sus aulas universitarias miles de estudiantes que aportan ritmo y vida a la ciudad.
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