Introducción
Buenos Aires nace a orillas del río como misterio y ensueño al mismo tiempo. Es aquí, donde millones de europeos desembarcaron en busca de esperanzas arrebatadas por las guerras y sus consecuencias. Es aquí donde se forjó una cultura cosmopolita, un arte mestizo, una vida que es amalgama de otras tantas. Vencidas las fronteras, se unieron estilos en un ser genuino: el “porteño”. Con sello propio, este personaje aporta su manera de ser y hacer en medio de una ciudad con aire madrileño, encanto parisino y suspiros italianos. Están los arrabales, el bandoneón, el espíritu tanguero y el folclore arraigado al suelo como los geranios mismos... El tiempo trajo el urbanismo, las vanguardias y el turismo se vio atrapado por el encanto de un país capaz de recrear escenarios nuevos. Inquieta hasta en el silencio, Buenos Aires supo reemplazar los graneros que sellaban su puerto por un conglomerado dedicado al entretenimiento y a la gastronomía, conocido como
Puerto Madero: habitat de ejecutivos, de amantes del desvelo, espacio de lujosos restaurantes donde no faltan los novedosos loft: construcciones edilicias que albergan oficinas, salas de cine, refugio de hombres de negocios durante el día, de parejas y familias cuando la jornada laboral culmina. Los turistas encuentran allí la bifurcación de la urbe de cemento, los barcos anclados a los sueños...para continuar su paso hacia otros barrios de tango y guapos arrabaleros.
La Boca La Boca es un resabio de colores que los genoveses emigrados ponían a sus conventillos y a sus años. Cada pared es un libro de historia abierta a la inquietud del desconcierto. Mezcla de bohemios y cantineros italianos, los turistas hallan allí los fantasmas de malevos y guapos del 900 que aún transitan tarareando el “Caminito” de Discepolo por el empedrado de la calle que supo inmortalizarse en leyenda y cuento. La
Vuelta de Rocha y otros tantos sitios convertidos en museos y paseos alucinados quedaron inmortalizados en las pinceladas de Benito Quinquela Martín y son motivo más que suficiente para no querer partir de allí.
San Telmo Barrio de San Telmo se le acerca con una propuesta distinta: el ayer detenido en las esquinas. Anticuarios y bazares con sorprendentes misterios rodean la Plaza Dorrego en cuya feria danzan al compás del 2x4 y se encuentra la osadía de quienes buscan el pasado en un latón o en un cafe de piedras y maderas humedecidas. El estilo colonial detiene el reloj en un tiempo inmemorial que marca el son de las campanas arrancadas a la
Basílica de Santo Domingo. Despues, la calle Balcarce marca el rumbo hacia una Buenos Aires que no cesa de asombrar con sus bares, restaurantes y cantinas.
Monserrat Baldosas moldean los pasos hacia la
Manzana de las Luces, donde - entre pasadizos y túneles subterráneos—en que nuestros ancestros supieron resguardarse de los tumbos y atolladeros- se paró aquel pueblo que quería saber de que se trataba el Cabildo y marcan sus huellas las “Madres de Plaza de Mayo”. La
Casa de Gobierno de color rosada es una síntesis de lo que ocurre en este país asombroso y asombrante a cada rato.
Recoleta Recoleta es una zona elegante donde tambien se encuentra la bohemia. Las confiterías más tradicionales se erigen centro de reunión en esquinas conviviendo al unísono con los sitios más cosmopolitas donde es protagonista la cerveza, y lo vanguardista. Centro turístico por excelencia con bifurcaciones hacia avenidas que conducen a nuevas travesías. Atravesando la
Plaza Francia se topa uno con bailarines repentinos, fugaces artesanos, astros y astrólogos con el futuro en sus manos. Un mundo de posibilidades puede hallarse en el complejo
Buenos Aires Design. Museos, centros culturales y epifanías quedan abiertos a las miradas que se atreven al paisaje.
Belgrano Los caserones de tejas son hoy parte de un barrio de artificios donde convive la historia y el presente sin quejas. Barrancas hacia abajo se amaron parejas y se libraron pensamientos sobre el verde tapiz de sus jardines y bajo el terraplen que lleva el tren desde el hoy hasta el ayer. Una avenida revela las preferencias del consumo de los porteños y ofrece un mundo de ofertas y tentadoras propuestas. Se asentaron aquí los asiáticos tambien, su referencia en un pequeño distrito con su monasterio budista donde cada febrero, se festeja el "Año Nuevo Chino".
Palermo Un barrio sin principio y sin final donde la certeza de los comienzos nunca abarca la cantidad de enigma que merodea los bares, los locales y las construcciones atemporales que en ese distrito se pueden vislumbrar con pocos minutos destinados a caminar. Un amor habrá nacido en el encanto del Rosedal donde los lagos y bosques invitan a abrir el espectro de sueños. Cercano está el
Jardín Zoológico, el
Planetario Galileo Galilei y el modo de vivir de los habitantes de un país lleno de encanto.