Lugares de interés
1) Les Rambles Irse de Barcelona sin visitar
Les Rambles es perderse buena parte de la esencia de la ciudad. Aquí se dan cita todo tipo de personajes callejeros, entre bares, comercios y personas que vienen a pasear o a comprar el periódico. Recorrer este alegre paseo es la mejor manera de tomarle el pulso a la ciudad. Al final, como si de un premio se tratase, divisarás el mar.
Comenzando el descenso desde la
Plaça Catalunya, mirando al mar, dejarás a tu derecha el
barrio del Raval y a tu izquierda, las calles del
Barri Gòtic. Este primer tramo es conocido como la
Rambla de Canaletes, con su fuente del mismo nombre, construida en el siglo XIX, y que es popular porque en ella se reúnen los seguidores del Barça cuando el equipo obtiene una victoria significativa. A mano derecha comienza la calle Tallers, siempre muy animada con sus tiendas de discos nuevos y usados y de instrumentos musicales. Unos pocos metros más abajo comienza la
Rambla dels Estudis, conocida como Rambla de los Pájaros por las abundantes paradas que venden estos y otros animales domesticos.
Son edificios a destacar en este tramo el
Teatre Poliorama, de 1883, la compañía de Tabacos de Filipinas (1880), la iglesia de Betlem y el Palau Moja, del siglo XVIII, esta vez en la parte izquierda, a la altura de la calle Portaferrissa, y que hoy alberga la Dirección General del Patrimonio Cultural y el Centro de Historia Contemporánea de la Generalitat de Cataluña, así como su librería. Llegarás entonces a la animada
Rambla de Sant Josep, o Rambla de las Flores, así conocida por los coloridos y animados comercios que desde hace 200 años venden flores y plantas.
Tambien hay que visitar el
Palau de la Virreina, la obra civil más celebre del siglo XVIII, de una clara influencia del barroco frances. En la actualidad en su interior puede visitarse la Colección Cambó de pinturas.
Un poco más adelante se levanta el verdadero protagonista de la zona: el
Mercat de la Boqueria, siempre animado gracias a la cuidada y exquisita selección de sus productos y en el que los pasillos centrales constituyen una fiesta para los sentidos. Si quieres comprar alguna cosa, sin embargo, es mejor que te adentres un poco en el donde encontrarás precios más acordes al nivel de vida real.
Ya en la
Rambla dels Caputxins, pasado el enorme mosaico del suelo de Joan Miró, alcanzarás el
Gran Teatre del Liceu, hoy totalmente reconstruido del incendio de 1994 y que ha perdido en encanto lo que ha ganado en seguridad y comodidad. Pasado el Liceu, a mano izquierda llegarás a la
Plaça Reial, con sus soportales, las farolas diseñadas por un joven Gaudí y los bares y pubs nocturnos. Los domingos por la mañana en ella se reúnen vendedores y compradores de sellos.
Más adelante, el
Teatre Principal, punto de reunión de la nobleza del momento, se sitúa justo al comienzo de la
Rambla de Santa Mònica, con el
Museu de Cera a la izquierda y los puestos de artesanía hippy durante el fin de semana. Abundan tambien en esta parte pintores, caricaturistas y músicos callejeros. El paseo puede terminar con la visita al
monumento a Colón o con una aproximación al Port Vell y a su moderno centro comercial
Maremàgnum.
2) L'Eixample y el Modernismo El
Eixample se extiende desde la
Plaça Catalunya hacia la montaña y se divide entre "derecha" e "izquierda", tomando como eje la Rambla de Catalunya. Nos centraremos básicamente en el Paseo de Gràcia (en la parte derecha, siempre de espaldas al mar) y en las celebres construcciones modernistas construidas entre finales del XIX y comienzos del XX.
Subiendo por este paseo vale la pena fijarse en el suelo para contemplar las baldosas hexagonales diseñadas por Gaudí, autor tambien de la
Casa Calvet en el numero 48 de la calle Caspe, la primera a mano derecha. Si regresamos al Paseo de Gràcia, podemos seguir subiendo por el mientras contemplamos la riqueza de sus bancos, de sus farolas y de sus escaparates, con la montaña del
Tibidabo al fondo coronando el panorama.
Despues de atravesar la Gran Via de les Corts Catalanes y llegar a la calle Consell de Cent, estaremos ya a los pies de la conocida "Manzana de la Discordia" donde se reúnen cinco edificios a destacar de un modernismo muy distinto (de ahí el nombre), cuatro de los cuales llevan la firma de los más importantes arquitectos del momento, quienes se encargaron de su reforma. A mano izquierda, la
Casa Lleó Morera, construida en 1906 por Lluís Domènech i Muntaner y de la que destaca, junto a la fachada, la abundante decoración de la escalera y el vestíbulo. Más adelante en la misma acera se encuentra la
Casa Ametller (1900), de Josep Puig i Cadafalch y, justo a su lado, la Casa Batlló, esplendida obra de Gaudí que dejó su huella en todos y cada uno de sus rincones.
Si seguimos avanzando, tendremos que cruzar la amplia calle Aragón. Si nos asomamos a ella por su parte izquierda veremos la
Fundació Tàpies, tambien modernista, pero que se remató en su parte superior con una obra del pintor que ha suscitado bastante polemica. En el margen derecho de la manzana siguiente se aloja la joya más valiosa de las nombradas hasta ahora: la
Casa Milà o Pedrera, (obra tambien de Gaudí), de la que se visitan las últimas plantas y la azotea y en la que culminó todo el genio e imaginación del artista. Aunque la ciudad acoge muchas más construcciones de este estilo (como
Les Punxes o el Conservatorio), no conviene perderse la
Sagrada Família de Gaudí y el
Parc Güell, tambien del genial arquitecto.
3) La Barcelona olímpica Los Juegos Olímpicos celebrados en 1992 supusieron mejoras para Barcelona en todos los sentidos: nueva red viaria, más parques, nuevos núcleos comerciales y obras singulares como la
torre de Collserola. Los mejores ejemplares de este gran evento se encuentran en la Vila Olímpica y en la
Muntanya de Montjüic. A esta montaña le viene su nombre de una necrópolis judía que se estableció en ella tiempo atrás. Hoy en día, la mejor forma de acceder a ella es desde la
Plaça Espanya, dejando atrás la sucesión de fuentes luminosas para llegar hasta el
Palau Nacional, edificio monumental que hoy alberga el
MNAC (Museo Nacional de Arte de Catalunya), al que vale la pena asomarse para ver una de las mejores muestras de pintura románica catalana y el
Museu Numismàtic i Postal.
Continuando la ladera hacia arriba pasaremos por el Poble Espanyol, donde se han visto reproducidas una muestra de los monumentos más famosos de todo el país. Una vez alcanzada la cima, la subida se ve recompensada por las panorámicas vistas que se divisan desde el
Castell de Montjüic. Construido en el siglo XVII, hoy en día sólo alberga ya el
Museu Militar. Antes de llegar a la fortaleza citada, habremos pasado por la llamada
"Anella Olímpica", a la que dan nombre el
Estadi Olímpic, con capacidad para 55000 espectadores y el
Palau Sant Jordi, cuya cúpula se elevó una vez construida según un proyecto del arquitecto japones Arata Isozaki. Junto a ellos, ocupan un lugar destacado el Institut Nacional d'Educació Física, construido por Bofill y la Torre inclinada de telefonía de Santiago Calatrava. Esta última comparte junto a su papel funcional de torre de telecomunicaciones la curiosidad de proyectar una sombra que se convierte en un reloj de sol gigante.
Siguiendo por la Avenida de l'Estadi el recorrido puede alargarse visitando la
Fundació Miró. La Vila Olímpica, pequeña ciudad de atletas dentro de la ciudad, supuso la reforma de la antigua zona industrial de Poble Nou. El impulso olímpico trajo consigo la rehabilitación de playas, apartamentos y espacios verdes abiertos al mar. Dos rascacielos de 44 plantas, uno de oficinas -la Torre Mapfre- y otro donde se instaló el
Hotel Arts ponen una nota urbana en el ambiente. A sus pies, el
Port Olímpic rodeado de restaurantes, cafes y pubs conforma una de las ofertas más atractivas de ocio de la ciudad.
4) El barrio gótico Aunque oficialmente el
Barri Gòtic se extiende desde la avenida de la catedral hasta la
Via Laietana y las calles Jaume I, la
Plaça Sant Jaume y la calle del Bisbe, no puedes dejar de visitar tampoco la
Iglesia de Sant Just y la
Plaça Sant Felip Neri. Igualmente, el barrio de
La Ribera al otro lado de la Via Laietana y que alberga entre otros, al
Museu Picasso, está lleno de construcciones de la epoca.
El recorrido puede comenzar en la plaza de la
catedral, sobria y equilibrada acorde al Gótico catalán. Callejeando alrededor de esta, entre gárgolas, contrafuertes y arbotantes te impregnarás de la atmósfera medieval del conjunto. Coge el callejón de Montjüic del Bisbe para llegar a un remanso de paz, en la
Plaça Sant Felip Neri, en el que solo se escucha el sonido del agua de su fuente central. Muchos de los edificios que a partir de ahora verás fueron edificados sobre el trazado de la antigua muralla romana, como el
Palau Episcopal, en la Plaça Nova o la
Casa de l'Ardiaca, del siglo XVI y a la que se entra por la calle de Santa Llúcia. Junto a ella se sitúan la
Casa del Degà, del XIV y la
Casa de la Canonja, en la Plaça de la Seu. Tomando la calle dels Comtes, puedes tomar un cafe en la terraza del
Museu Frederic Mares o en la
Plaça del Rei, a la que se llega desde aquí por la Baixada de Santa Clara y que constituye uno de los rincones con más sabor de todo el barrio.
Y antes de cruzar al otro lado de la Via Laietana puedes detenerte en la
Plaça Sant Jaume, compartida por el
Palau de la Generalitat, sede del Gobierno de Cataluña, que data del siglo XIV, y por la
Casa de la Ciutat (Ajuntament) de la que deberemos contemplar su parte lateral, que da a la calle Ciutat. Tampoco nos podemos olvidar de la
Plaça del Pi, con su basílica gótica y que forma un bonito conjunto con su vecina plaza de Sant Josep Oriol, siempre animadas y en las que uno puede cruzarse a todo tipo de personajes urbanos, desde pintores o artesanos hasta músicos de jazz o estudiantes.
Regresaremos hasta la Plaça Sant Jaume, para bajar por la calle de su mismo nombre y cruzar la Via Laietana. Una vez aquí, ya estamos en la calle Montcada, desde la que se llega, a mano derecha, al Museu Picasso y al
Museu Tèxtil i d'Indumentària, lugares que mantienen todo el encanto de la epoca. Esta misma calle desemboca en el
Passeig del Born, avenida que comunica la parte trasera de la
Basílica de Santa Maria del Mar con el Mercat del Born, dos muestras catalanas de dos periodos diferentes: la primera es una de las obras cumbres del Gótico catalán y la segunda es un buen ejemplo de la arquitectura del hierro de la segunda mitad del XIX. Santa Maria del Mar otorga una de las visiones más impactantes de la ciudad, con sus valiosas vidrieras y es la protagonista de otro barrio, el Borne, por cuyas calles conviene tambien deambular y perderse.