Restaurantes y bares
En Madrid se come muy bien. Pero esta es una afirmación extensiva al resto de España. Si hay algo que reconoce todo turista cuando pasa por aquí es que se puede disfrutar de la comida y la diversión en cualquier sitio y prácticamente cada hora. De Madrid son típicos los numerosísimos bares de tapas en los que tomarse una cerveza o un vaso de vino acompañados de "una tapita" de boquerones en vinagre (deliciosos siempre que esten bien hechos), un trozo de empanada gallega, una ración de chorizo o de jamón serrano (imprescindible), un pincho de tortilla de patata, unos simples champiñones con ajos y jamón, unas gambitas y un largo etcetera.
Las tapas tienen un curioso origen que data ya del siglo XIII: por aquel entonces, los cocheros de las diligencias y los carruajes solían parar a descansar en una taberna y tomar una copa de vino despues de una agotadora jornada transportando mercancías. Solían emborracharse hasta tal punto que la cantidad de accidentes que ocasionaron provocó que las autoridades obligaron a que siempre se acompañara el vino con algún alimento. Normalmente consistía en un pedazo de pan con jamón que ponían encima del vaso o la jarra. Las tapas han llegado hasta nuestros días como una costumbre presente en toda España y seguramente tan sana como lo empezó siendo en el siglo XIII.
Si hay algo de lo que presume el madrileño en particular y el español en general es de no limitarse a la hora de sentarse en una mesa o apostarse en la barra de un bar. Los extranjeros que viven en Madrid suelen preguntarse y cuestionar la “bárbara” costumbre de los españoles de salir a comer a medio día (sobre las 14.30h o las 15h) a un restaurante, pedir un menú que incluye primer y segundo plato, postre y cafe y “perder dos horas” en hacerlo. Tampoco entienden muy bien cómo se puede trabajar despues de una comida tan copiosa. Pero ya se sabe que es una costumbre
typical spanish que en realidad es un modo de entender la vida, como la de agolparse en la barra de un bar y lanzar al suelo palillos, servilletas hechas una pelotilla, huesos de aceituna (riquísimas tambien), cáscaras de quisquillas o las cabezas de los langostinos. Esta costumbre, como la de colgar del techo una pata de cerdo para cortar el jamón iberico, es algo que puede impresionar -y no muy gratamente- al visitante. El turista ya aprenderá que cosas se tiran al suelo y cuáles no y en que sitios puede hacerse y en cuáles no. En realidad, es todo un arte.
Los lugares más concurridos para tapear son la zona de la
Plaza de Santa Ana (la
Cervecería Alemana es casi un reducto extranjero), la
plaza de la Cebada (no olvides pasarte por
El Almendro) o la plaza de Alonso Martínez. Pero tambien merecen la pena calles como la de Conde Duque y aledaños, la zona de Moncloa y Cristo Rey o Arenal y Mayor. Al final de la calle Huertas hay un lugar llamado
La Dolores que es un sitio de estos “de toda la vida” con un surtido de tapas verdaderamante exquisito. Pero hay que brujulear por las calles porque cada zona tiene sus lugares, que no son pocos.
Tras el "tapeo" viene la comida o la cena. Si lo que se pretende es probar platos autóctonos y captar la esencia de lo español, no puedes dejar de ir a restaurantes tan castizos como Casa Lucio o El Shotis en la Cava Baja,
La Bola Taberna o
Botín cerca de la
plaza Mayor.
Lo más típico de Madrid es un plato sencillo que tiene sus orígenes en la zona de Castilla la Mancha: el cocido madrileño; es una sopa de gallina con fideos a la que se le añaden garbanzos, carne, jamón, chorizo y verdura. Bien hecho es un plato perfecto para una tarde de invierno. Otro de los platos más identificados con estas tierras son los callos, una comida que tiene tantos adeptos como detractores. De nuevo bien hechos son una delicia absoluta, pero hay que probarlos. Los mejores callos (tripa de vaca o tambien de cordero o de cerdo con garbanzos, chorizo, morcilla y tocino) de Madrid son los de la
Botillería Maxi en la Cava Alta. Los caracoles, la tortilla de patata y la sopa de ajo tambien están entre los platos destacados, sin olvidar que el plato más conocido del país, la paella, la encontrarás incluida en casi todos los menús diarios de los restaurantes. El pescado y el marisco son otro de los puntos fuertes en la capital. No hay ninguno que no se precie de no tener pescado fresco del día. Tal y como se ha acuñado en el campo de la gastronomía capitalense, “Madrid es el mejor puerto de España”, porque cada día llega el pescado fresco de las costas españolas en aviones privados.
Combarro o
El Pescador son una buena muestra.
Ni que decir tiene que el vino tinto es el acompañante imprescindible de los callos, del cocido, de las carnes y casi de cualquier comida. Un buen Rioja o un Ribera del Duero le alegran la comida a cualquiera. Pero tambien hay vinos de la Comunidad de Madrid que se están popularizando cada vez más.
Por la noche ya se sabe que Madrid se convierte en una gran fiesta. Realmente, el fin de semana empieza el jueves, el día escogido para frecuentar los lugares preferidos. Durante el sábado y el domingo es casi imposible encontrar sitio para aparcar o hacer una reserva en determinados restaurantes. Anticípate y si no usas el coche por el centro mejor que mejor.