Introducción
SANTIAGO
Casi quinientos años despues que en 1541 Pedro de Valdivia trazara en torno a la Plaza de Armas las treinta y cinco manzanas que constituirían la ciudad, Santiago es hoy una extensa urbe que intenta pertenecer a la sociedad del 2000 entre rascacielos y modernas redes de telecomunicaciones. Sin embargo, hay que explorarla para descubrir sus múltiples facetas modeladas por la historia.
Ubicada en el centro de Chile, en las fertiles tierras del valle que se sitúa entre la Cordillera de Los Andes y la Cordillera de la Costa, y atravesada de oriente a poniente por el río Mapocho, Santiago alberga a cerca de cinco millones de habitantes, un tercio de la población del país. Se trata de una ciudad heterogenea, en la que los procesos históricos y la diversidad de su población han ido dejando su huella, y que enfrenta el nuevo milenio con un desigual, y a veces caótico, proceso de modernización. Esto hace que en sus recorridos el visitante parezca trasladarse súbitamente de un siglo a otro, de un país próspero a uno subdesarrollado, de una capital bullente de actividad a una somnolienta ciudad de provincia; Santiago es todo eso y así se revela al forastero desde el primer momento.
Guía de zonas
El Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez, puerta de entrada de los visitantes extranjeros, acaba de inaugurar su primera ampliación y recibe al pasajero con una infraestructura moderna y de elaborada arquitectura. Desde allí se puede tomar un autobús o un taxi que, luego de recorrer el último trecho de la Ruta 68 que conecta la capital con Valparaíso y Viña del Mar, ingresará a Santiago desde el poniente por su arteria principal: la avenida Libertador Bernardo O'Higgins
Más conocida por los citadinos como Alameda, en recuerdo del colonial paseo Alameda de las Delicias, esta avenida atraviesa Santiago de poniente a oriente hasta internarse, con otros nombres, en la pre cordillera. A lo largo de ese trazado se distribuye una muestra representativa de la variedad de barrios y arquitecturas de la ciudad.
En la primera etapa del trayecto, luego de dejar atrás los bloques habitacionales que bordean la carretera, la Alameda presenta un perfil de construcciones bajas de uno o dos pisos. Se trata de una desordenada mezcla de viviendas y comercio, que gradualmente van dejando lugar a nuevas y mayores edificaciones que albergan modestos centros comerciales, grandes tiendas y terminales de buses, hasta llegar a la Estación Central, el punto de partida y llegada de los trenes que vienen del sur del país.
Inaugurada con una gran fiesta que vistió de gala a la ciudad en 1900, la Estación Central es un bellísimo edificio de dos estructuras conectadas por una enorme cúpula metálica prefabricada en Francia por Creuzot, el constructor de los grandes puentes metálicos de ferrocarriles. Siguiendo esa misma línea arquitectónica, recientemente se le han adicionado a ambos costados sendas galerías comerciales que buscan ordenar el numeroso, agitado y colorido mercado de baratijas que caracteriza el sector.
Frente a la estación nace la avenida Matucana, que a principios de siglo marcaba el límite poniente de la ciudad y que hoy vale la pena recorrer para acceder a la Quinta Normal, un gran parque que oxigena la capital desde 1842 y que actualmente cobija a los museos del Ferrocarril y el de Historia Natural.
Siguiendo por la Alameda hacia el oriente se atraviesan los barrios República y Dieciocho, donde habitaron las familias más acaudaladas del país. A fines del siglo XIX y principios del XX, influida por la cultura europea, la francesa en partícular, y enriquecida por el auge del salitre, la aristocracia criolla levantó aquí sus mansiones. Varias de ellas han sobrevivido hasta hoy, aunque ocupadas ahora por instituciones, de modo que es posible formarse una idea del esplendor de entonces explorando esta zona que se extiende entre las avenidas Libertador Bernardo O'Higgins, Av. España, Norte-Sur y Blanco Encalada. El recorrido tiene su final lógico en esta última arteria, donde se encuentra tambien el Club Hípico. Reconstruido a principios del siglo XX siguiendo la moda francesa, fue en sus orígenes, y durante varias decadas, un Club Social que reunía a la alta sociedad santiaguina.
A esta misma altura de la Alameda, por el costado norte, se encuentra el barrio Brasil, tan histórico y en sus orígenes casi tan lujoso como los anteriores. Sin embargo, con el transcurso del siglo la ciudad se expandió y los primeros moradores de esas casonas buscaron refugio en zonas más tranquilas, hacia la Cordillera, en el naciente "barrio alto" de Providencia. El sector y sus edificios se fueron deteriorando lentsmalte, hasta que fue redescubierto por artistas que encontraron allí un buen emplazamiento para sus talleres y un ambiente agradable para vivir.