Perteneció a Cartago y después fue conquistada por los romanos. Durante la época romana Málaga fue nombrada ciudad confederada, y obtuvo numerosos prvilegios por parte de Roma.
Tras las invasiones de los bárbaros en el siglo V, la ciudad sucumbe al dominio de los bizantinos en el año 551. Leovigildo la incorpora al reino visigodo en el año 570. Durante la Alta Edad Media fue saqueada por los normandos, que desembarcaron en la costa. Málaga no destacará políticamente hasta los inicios del siglo X. A partir del siglo XI se constituye como reino taifa. En el año 1145 la ciudad fue capital de la segunda taifa. Su puerto se configura como el más importante del reino de Granada, lo propicia la masiva llegada de comerciantes extranjeros. A finales del siglo XV se disgrega del reino de Granada para anexionarse, en 1487, al reino de los Reyes Católicos.
En el siglo XVI Carlos I manda construir una fábrica de cañones. El puerto malagueño se constituye como el principal punto de salida de la lana de Castilla, hasta que la crisis económica aparece en el siglo XVII. La Sociedad Amigos del País, el Consulado y la Aduana son las tres instituciones más importantes que se crean a finales del siglo XVIII.
A mediados del siglo XIX Málaga destaca por la producción siderúrgica y textil. Este auge económico propicia un crecimiento demográfico relevante. No obstante, en 1866 sufre una crisis económica por la competencia del mercado siderúrgico de Asturias y Bizkaia. La cosecha vinícola se ve afectada por la filoxera, lo cual provoca una reducción considerable de la población. Málaga no se recupera desde el punto de vista económico hasta el siglo XX. A finales del siglo XIX se suceden varias revueltas populares que son reprimidas sucesivamente por el general Pavía. En 1937 cae en manos del bando nacional. Tras un periodo económico infructuoso, la ciudad comienza a recuperarse económicamente a partir de los años sesenta.
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