Lo mejor de este restaurante es, sin duda, su entorno. Cientos de fotografías (muchas de ellas de "ilustres" visitantes españoles) adornan las paredes; se puede incluso "escribir" en alguna de ellas, si bien las pintan de vez en cuando para que los visitantes puedan escribir nuevos mensajes. No es fácil conseguir mesa (hay que hacer cola incluso en la calle), pero, una vez dentro, podemos deleitarnos con unos cócteles igualitos a los que, otrora, degustaba el propio Hemingway en este emblemático lugar.
Última visita: Diciembre 2006
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