Viví durante un año en Edimburgo, y estoy deseando volver. Destaco ese toque misterioso y nostálgico, en la que la lluvia no arruina la belleza, sino que la potencia. Así están las fachadas verdosas del musgo. Además de visitar la ciudad (castillo, palacio de Holyroad, Arthur's seat, old town, puentes...), hay varios puntos que hay que cumplir: El primero es reservar hambre para tomar el desayuno escocés. Después, dejarse caer por un café bohemio, donde siempre sirven un excelente té (y no tan buen café) acompañado de pastas o dulces de todas las clases que queramos. Y por último, tomar una buena pinta de cerveza. La conocida es la Guinness, pero Edimburgo tiene fábrica propia, y McEwan no está nada mal. Nada que ver con España.
Última visita: September 2003
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