Me gustó todo, sin excepción. Reconozco que ir en julio fue muy agobiante en la capital, el Peloponeso y las islas que recorrí. La gente, muy amable lo mismo en el hotel como en restaurantes y cafeterías. Una pena que la Acrópolis estuviera en obras y saturada de turistas, pero mereció la pena el sacrificio físico para conseguir una impresionante felicidad cultural. Espero volver, sin visita programada, y "perderme" más por todos los barrios, a mi aire: fui un poco "a la japonesa". El ambiente nocturno demuestra la cordialidad de sus gentes. En cuanto a la limpieza, hay zonas flojitas; pero otras, relucientes.
Última visita: Julio 2007
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